>   NÚMERO 61

Francia, el populismo y Europa

Franz Peeperkorn
 | 

La pérdida de confianza en las instituciones europeas en Francia coincide con la pérdida de confianza en las instituciones nacionales. Simplificando, el reproche dirigido a Europa es situar fuera del debate las decisiones de política pública, empezando por la misma integración europea.

 

Las recientes elecciones presidenciales en Francia estuvieron marcadas, entre otras cosas, por una cifra que da que pensar sobre el país de Jean Monnet: el 30 por cien de los electores que votaron a los dos Frentes, los partidos Front National (Frente Nacional) y Front de Gauche (Frente de Izquierda), lo hicieron contra la integración europea, al menos bajo su forma actual. Esto no hace de Francia una excepción, sino más bien la manifestación ejemplar de una dinámica que, desde hace dos décadas, se ha extendido por toda la Unión Europea, salvo raras excepciones como España pero, ¿hasta cuándo?

 

A menudo, estos partidos que rechazan Europa tienen algo más en común que su eurofobia. A grandes rasgos, se podría hablar de un odio compartido hacia los poderosos de todo tipo: “Que se vayan todos”, según la famosa consigna de Jean-Luc Mélenchon. Una fuerte tendencia a la simplificación de la realidad, teñida fácilmente de la teoría del complot; una sobrevaloración de la voluntad política, encarnada en un líder carismático. Comparten ciertos rasgos con otros movimientos que también quieren acabar con el “sistema”: los Indignados y otros como Occupy Wall Street. Es sin duda lo que dio la idea a Marine Le Pen, en su visita a Nueva York, de buscarse un parecido con estos jóvenes.1 Sin embargo, ellos no fundan partidos, no tienen jefes y no reclaman el poder, y esto supone una gran diferencia…

PARA LEER EL ARTÍCULO COMPLETO