EE UU cuenta con una red mundial de más de 1.000 bases militares cuyo objetivo es fortalecer la seguridad nacional. Este sistema, sin embargo, ha servido para manufacturar inseguridad. Es hora de poner fin a la interferencia militar en los asuntos de otros países.
Ha llegado la hora de hacer una pregunta fundamental que pocos responsables de la administración o políticos en Estados Unidos parecen dispuestos a formular: ¿ha cometido EE UU un terrible error al haber construido un sistema mundial casi irreversible consistente en un millar o más de bases, estaciones y puestos avanzados militares? Este sistema se creó para mejorar la seguridad nacional, pero ¿y si en realidad ha servido para lo contrario, y ha provocado conflictos y generado esa inseguridad nacional que debía evitar?
Los argumentos más convincentes para oponerse al sistema estadounidense de bases militares son políticos y prácticos. Las bases han provocado aprensión, hostilidad y miedo hacia EE UU, han facilitado guerras fútiles, innecesarias, infructuosas y contraproducentes en Afganistán e Irak, y ahora parecen propiciar una ampliación de las intervenciones estadounidenses en Pakistán, Yemen y el Cuerno de África. Los atentados del 11-S, según el propio Osama bin Laden, se debieron a la “blasfemia” de instalar bases militares en los territorios sagrados de Arabia Saudí. Parece que este sistema tiende a producir e intensificar la misma inseguridad a la que se hace referencia para justificarlo.

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