La UE se enfrenta al reto de distribuir eficientemente sus recursos para apoyar las reformas y huir de la tentación de imponer políticas destinadas a garantizar su seguridad.
Durante los primeros compases de las revueltas sociales en el norte de África, la comunidad internacional reaccionó con sorpresa. El Magreb, a pesar de los conocidos problemas relacionados con la emigración ilegal, el terrorismo de matriz islamista, el tráfico de droga, los altos niveles de desempleo asociado a una ineficiente redistribución de la riqueza, la corrupción institucionalizada y las cuestiones asociadas a un débil clima democrático y de respeto de los derechos humanos, parecía estar bajo un controlado equilibrio. El precedente optimismo internacional estaba en parte justificado por los datos e informaciones publicados por diferentes organismos y fuentes internacionales.
En 2005 Túnez había sido descrito por el Banco Mundial y el Banco Islámico de Desarrollo como una historia de éxito. El 3 de noviembre de 2008, The Sunday Times, situó a Túnez “entre los mejores sitios para invertir en estos tiempos de crisis económica”. La misma tendencia fue confirmada en 2010 por la revista Newsweek y por el Informe de Competitividad Global elaborado por el Foro Económico Internacional…

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