El candidato presidencial boliviano del MAS, Luis Arce Catacora, ministro de Economía con Evo Morales, durante su presentación Buenos Aires (Argentina), en enero de 2020. GETTY

Bolivia: ¿vuelve el MAS al poder?

La salida abrupta de Evo Morales del gobierno no ha supuesto una merma en su respaldo electoral. Aunque el partido está lejos del apoyo de 2005, 2009 y 2014, las encuestas para las elecciones del 18 de octubre señalan que mantiene sus principales bastiones.
FRANZ FLORES CASTRO
 |  29 de septiembre de 2020

Bolivia entra en la recta final de las elecciones presidenciales y legislativas. Después de haber sido postergadas en dos ocasiones a causa de la pandemia del Covid-19, finalmente a mediados de agosto el Tribunal Supremo Electoral (TSE), con Salvador Romero presidiéndolo, determinó fijar las elecciones para el 18 de octubre. Desde entonces, la política ha deparado varias sorpresas.

Para empezar, y contra todo lo que afirmaban los actores contrarios al Movimiento al Socialismo (MAS), la salida abrupta de Evo Morales del gobierno no ha supuesto una merma considerable en su respaldo electoral: si bien es cierto que el MAS está lejos de las votaciones mayoritarias logradas en las presidenciales de 2005, 2009 y 2014, las encuestas señalan que el partido mantiene sus bastiones electorales, sobre todo en los departamentos del oeste como La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba, más varias zonas rurales del país. Esto le ha permitido mantener una intención de voto superior al 35%, clave para sus aspiraciones de vencer en primera vuelta electoral. (El sistema electoral boliviano señala que un candidato logra vencer en primera vuelta si logra más del 50% de los votos, o más del 40% si logra una ventaja de 10 puntos sobre el segundo).

En lo fundamental, esto se debe a que el MAS es una organización política que posee fuertes conexiones con los sindicatos campesinos y con las organizaciones populares urbanas, que son la base para su capacidad de movilización política y respaldo electoral. De todos modos, no queda claro si la apuesta del MAS por el exministro de Economía Luis Arce Catacora, que va como candidato presidencial, logrará seducir al electorado urbano y de clase media que, hasta el momento, se ha mostrado reacio a respaldar al MAS en la misma magnitud en que lo hizo en elecciones anteriores. Arce ha dejado de lado el discurso de los éxitos económicos del modelo del MAS para centrarse en señalar que Bolivia pasa por una fuerte crisis económica y postularse como la persona que tiene la experiencia y el programa para su solución.

Una segunda novedad, de no poco calado, es la renuncia de la actual presidenta del país, Jeanine Áñez, a su candidatura. Acosada por los malos resultados de los últimos estudios de preferencia electoral, que muestran una tendencia descendente para su partido Juntos, y una debilitada imagen gubernamental por una mala gestión de la pandemia (hubo ausencia de respuesta eficaz a la crisis y escándalos de corrupción), el 17 de septiembre retiró su candidatura para, según ella, cerrarle al MAS la posibilidad de ganar los comicios de octubre en primera vuelta. Aunque no lo dijo explícitamente, esta acción supondría que los votos de Áñez irían a reforzar el proyecto de Carlos Mesa, segundo en todos los sondeos electorales.

La tercera novedad es la aparición de Luis Fernando Camacho, un candidato de perfil regionalista, cuyo respaldo, centrado en Santa Cruz, tiene fuertes efectos a nivel nacional, dado que este departamento concentra un 26,72% del padrón electoral. Camacho es un outsider que alcanzó notoriedad política como dirigente del Comité Cívico Pro Santa Cruz en la coyuntura crítica de octubre y noviembre de 2019. Camacho porta un discurso de derecha y ultraconservador, y su base de apoyo es el fuerte sentimiento regionalista de unas elites económicas que perciben que ha llegado la hora de que su poder industrial y exportador se vea reflejado en poder político. Vale la pena señalar que Santa Cruz supone el 30% del PIB boliviano y produce el 70% de los alimentos del país, además de ser una región que recibe una gran cantidad de migrantes de otros departamentos.

Por último, Mesa, el candidato que logró un importante 38% de respaldo electoral en las elecciones de octubre de 2019, ha visto mermado su respaldo, pues no ha podido seducir al electorado cruceño que, por ahora, simpatiza con Camacho. Mesa, ubicado en una posición de centro político, ha logrado conseguir apoyos de quienes son contrarios al MAS; hace falta saber si ahora, a un año de la salida de Morales, este esquema es suficiente, puesto que emergieron nuevos actores y la pandemia del Covid-19 ha cambiado la agenda económica de los próximos años.

 

Para entender la política en Bolivia

La situación descrita es posible de ser comprendida si tomamos en cuenta que la orientación política de la ciudadanía boliviana se da en torno a dos ejes: el eje anti-MAS y el eje territorial.

El primero es de reciente aparición, y consiste en que los actores se alinean según su referencia contraria al MAS. Puede nuclear a personas de diversa ideología y origen social y dar coherencia a un discurso político construido en torno a la consigna de impedir un nuevo gobierno de Morales y del MAS. Siguiendo a Adam Prezeworski y John Sprague, se podría decir que las élites políticas bolivianas, las que estuvieron fuera del poder en los 14 años de gobierno del MAS, tomaron específicos problemas sociales, determinadas acciones del gobierno de Morales y los convirtieron en ejes de la disputa política. El principal: la defensa de la democracia y del Estado de Derecho que, según el discurso anti-MAS, fueron sistemáticamente socavados por el gobierno de Morales. En otras palabras, el eje anti-MAS logra aunar a las fuerzas de oposición en torno a un discurso que enmarca todas las iniciativas, acciones y discursos del MAS como esencialmente antidemocráticos.

El otro eje, de origen más lejano en el tiempo, se basa en la distribución territorial del poder y, por consiguiente, en la aparición de un regionalismo en el departamento de Santa Cruz. El líder que hoy disputa el segundo lugar a Mesa, Camacho, emergió del Comité Cívico Pro de Santa Cruz, la institución que desde los años cincuenta es un referente institucional e identitario local. Esto hace que, si bien todos los partidos políticos contrarios a Morales compitan por captar el voto anti-MAS, solo Camacho haya logrado empatar el mismo con un discurso regionalista que le ha dado una gran fortaleza electoral, en el segundo departamento más importante en el padrón electoral. Camacho, según los sondeos, tiene el 31,4% de preferencia electoral en Santa Cruz.

 

Futuro incierto

Los temores de que gane el MAS en primera vuelta ya cobraron su primera víctima con la renuncia de Áñez a su candidatura presidencial. Sin embargo, no parece ser suficiente para que el segundo mejor ubicado en la encuestas, Mesa, logre forzar una segunda vuelta. Según los sondeos, Arce lograría vencer con el 40% de los votos más una distancia de 10 puntos sobre el segundo. La llave de la posibilidad de un balotaje parece estar, nuevamente, en un acuerdo de las fuerzas de oposición. Sin embargo, por el momento esto no parece posible, ya que ni Mesa ni Camacho dan señales en este sentido.

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