Cannes 2011: el G-20 busca su lugar bajo el sol de la crisis

 |  4 de noviembre de 2011

 

Como explica Ignazio Angeloni, del think tank Bruegel, en un artículo para Política Exterior 144 (noviembre-diciembre 2011), el G-20 nació dos veces. Primero en 1999, tras la crisis asiática, como foro de ministros de Economía. Y de nuevo tras la caída de Lehman Brothers en 2008, cuando el G-20 ascendió a reunión de jefes de Estado y de gobierno. Desde su primer nacimiento, el foro ha tenido dos vocaciones: la de coordinador político en tiempos de calma y la de gestor de crisis. En la segunda tarea el grupo ha funcionado. En 1999 limitó el contagio desde unas economías emergentes e inestables, y en 2008 tranquilizó a los mercados globales en un momento de riesgo sistémico. En la primera tarea sin embargo, y como explica Angeloni, “el rendimiento del grupo ha sido, en el mejor de los casos, menos convincente”.

En estos tiempos donde la recesión amenaza con torpedear los esfuerzo de los países avanzados por afianzar una lenta recuperación, el G-20 intenta abrirse un hueco en una agenda marcada, de nuevo, por la crisis. Si en 2008 las prioridades las marcó la crisis bancaria en EE UU, en estos momentos el epicentro de los riesgos se halla en Europa. La posibilidad de un contagio financiero desde los sectores soberanos es elevado, más todavía tras los vaivenes griegos y la aparente inoperancia europea.

La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, prometieron “llegar al G-20 unidos y con los problemas resueltos”. Para ello habían estado trabajando en un plan para fortalecer los bancos de Europa y poner fin a la falta de confianza de los mercados en la zona euro. El anuncio del primer ministro griego, Yorgos Papandreu, de someter a referéndum la aceptación del segundo plan de rescate para su país, amenazó con mandar todo al traste. Papandreu ha reculado, pero las aguas permanecen revueltas.

“La historia dirá si la perspectiva de un desastre en Cannes obligó a los dirigentes europeos a tomar unas medidas lo suficientemente serias para salvar la zona euro”, expone Richard Gowan, del think tank The European Council on Foreign Relations, en un artículo para Política Exterior 144 (en abierto). “Pero, sea cual sea el resultado –añade Gowan–, los historiadores también llegarán a la conclusión de que este episodio ha puesto de manifiesto la falta de influencia mundial de la Unión Europea, y puede que lleguen a la conclusión de que el auge del G-20 ha contribuido al declive de la UE”.

La sexta cumbre del G-20, más allá de la gestión de crisis, tiene dos grandes cuestiones pendientes. Una es la tasa a las transacciones financieras. Estados Unidos mantiene su oposición, pero deja entrever que podría retirar su veto a que se incluya en el comunicado final como una iniciativa a adoptar de forma voluntaria. La otra gran cuestión es el aumento de la dotación de recursos para el Fondo Monetario Internacional y, quizá, la reapertura del debate sobre un reparto de poder dentro de la organización. Para otro momento más propicio parece que quedan la reforma del sistema monetario internacional o el cierre de la Ronda de Doha. Por no hablar de la lucha cerrada contra los paraísos fiscales.

Para más información:

Richard Gowan, «¿Está acelerando el G-20 el declive de Europa?». Política Exterior núm. 144, noviembre-diciembre 2011.

Ignazio Angeloni, «‘Se busca’: un G-20 efectivo para la economía global». Política Exterior núm. 144, noviembre-diciembre 2011.

 

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