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Panorámica de la isla de Kinmen, el territorio taiwanés más cercano a China, con la ciudad china de Xiamen al fondo, el 4 de febrero de 2021. La isla es una de las pocas áreas de Taiwán que los turistas chinos pueden visitar sin necesidad de visados o permisos. Aún mantiene barricadas antitanques de la época de la guerra en sus playas. AN RONG XU/GETTY

China no está en condiciones de tomar Taiwán por la fuerza

Dadas sus limitaciones políticas, económicas y militares, la reunificación por la fuerza todavía no es una opción para China, que seguirá utilizando tácticas híbridas y explorando formas de someter la isla sin luchar.
CUI LEI
 |  17 de marzo de 2021

La situación en el estrecho de Taiwán parece estar al borde de la crisis desde 2018. Pekín ha lanzando numerosos vuelos de aeronaves militares en maniobras cerca de Taiwán, que con frecuencia han cruzado la línea media del Estrecho. Se rumorea, asimismo, que China considera ocupar las islas periféricas de Taiwán, lo que sugiere que está cada vez más ansiosa por tomar Taiwán por la fuerza.

Con la excepción de las maniobras con misiles durante las primeras elecciones presidenciales directas en 1996, históricamente Pekín ha intentado contener su intimidación militar, echando mano para desahogar su ira de la retórica o de las sanciones simbólicas. Su firmeza reciente puede explicarse por su creciente estatus como potencia militar y por las manifestaciones cada vez más fuertes a favor de la reunificación.

La mejora en la guerra anfibia y en las capacidades para prevenir el acceso al teatro de operaciones significan que el equilibrio militar se inclina a favor de China en su lucha contra Taiwán y Estados Unidos. Con una fuerza nacional cada vez mayor, el régimen chino piensa que continuar con la adopción de políticas más suaves, como en el pasado, puede dar la impresión de debilidad tanto a propios como a extraños. A diferencia de sus predecesores, el presidente de China, Xi Jinping, ha demostrado una mayor intensidad en el deseo de reunificación.

En 2017, el informe del decimonoveno Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh) demostró dicho entusiasmo, al anunciar que el “gran rejuvenecimiento” de la nación china debe lograrse para 2049, y que la reunificación de China es una condición para ello.

Sin embargo, es poco probable que China tenga intención alguna de buscar la reunificación por la fuerza a corto plazo. Una razón es que los riesgos políticos internos son demasiado altos si el uso de la fuerza no tiene éxito. La victoria de momento no está asegurada, pues Taiwán, después de haberse preparado para el conflicto con China durante décadas, ha endurecido su capacidad de defensa. La voluntad de Taipéi es fuerte. Y las encuestas muestran que el 80% de los taiwaneses está dispuestos a defender la isla por la fuerza.

En el contexto del vigésimo Congreso del PCCh, Xi necesita un ambiente político interno estable para garantizar la extensión de su mandato como secretario general del Partido. Una maniobra arriesgada hacia una incursión puede poner en peligro la estabilidad nacional, provocar el descontento popular y dar pie a una reacción violenta que podrían hundir su liderazgo.

Pero aún quedan otras opciones para la reunificación. Algunos en China sugieren que la posibilidad de una reunificación pacífica aún no se ha perdido por completo, y que Taiwán puede ser acorralado hacia una reunificación mediante el llamado “modelo Beiping”. Este modelo está basado en las negociaciones que en 1949 el PCCh mantuvo con la guarnición del Kuomintang para tomar Beiping (hoy Pekín) sin derramamiento de sangre, lo que podría ser una opción eficaz, en términos de coste-beneficio, para tomar las islas periféricas de Taiwán.

 

El factor estadounidense

China se enfrenta al riesgo de que, si usa la fuerza, EEUU podría ofrecer un apoyo militar total a Taiwán, en cuyo caso Pekín, para lograr su objetivo, podría acabar pagando un coste impredecible. Hoy día, China sigue siendo el eslabón más débil en la dinámica de poder, y si bien la brecha económica entre las dos grandes potencias es considerable, las brechas militares, tecnológicas y financieras son aún mayores. Aunque algunos en EEUU dudan sobre si hay que defender o no Taiwán, es poco probable que Washington abandone a Taipéi, pues hacerlo significaría para EEUU una vergonzosa falla en sus compromisos de seguridad y una insoportable pérdida de liderazgo internacional. El profesor de la Universidad de Harvard Graham Allison dijo una vez que es más probable que EEUU y China libren una guerra nuclear por Taiwán que por cualquier otro lugar.

Incluso si decide no enviar tropas a Taiwán, EEUU y sus aliados pueden aislar a China de manera efectiva tanto económica, diplomática como militarmente, tal y como ya experimentó China entre los años cincuenta y setenta. La violación de las normas contra la agresión y contra la coacción por la fuerza convertiría a China en un paria de la comunidad internacional, impidiéndole alcanzar sus objetivos de modernización para mediados de siglo.

Pekín también carece de una excusa adecuada para el uso de la fuerza. Más débil en términos militares, Taiwán no se atreve a declarar la independencia y solo puede mantener el status quo. Mientras tanto, las disposiciones legales de China son vagas y pueden interpretarse de manera flexible. El artículo 8 de la Ley Anti-Secesión estipula que China puede tomar medidas no pacíficas si Taiwán “se separa de China en cualquier modo o por cualquier medio, o si ocurre un acontecimiento importante que provoque que Taiwán se separe de China, o si se pierde por completo la posibilidad de una reunificación pacífica”.

Además de una declaración explícita de independencia, no está del todo claro qué acciones cubre dicho artículo. ¿El reconocimiento diplomático de Taiwán por parte de EEUU cuenta como “acontecimiento importante”? ¿Y cuáles son los criterios para medir la pérdida de posibilidades de una reunificación pacífica? En esta ambigüedad, China tiene margen de maniobra sobre cuándo lanzar una ofensiva.

Dadas las limitaciones, la reunificación por la fuerza todavía no es una opción para China, y Pekín no tiene más remedio que esperar el momento oportuno. La fuerza podría ser considerada como una opción solo cuando el poder nacional de China exceda de manera significativa el de EEUU, la comunidad internacional esté limitada en su motivación colectiva para contraatacar, y exista una mayor certeza de ganar físicamente la guerra y retener la isla.

Mientras tanto, China seguirá utilizando tácticas híbridas, las cuales son una mejor alternativa a un ataque militar, y explorará formas de someter la isla sin luchar. Y quizá, en algún punto de inflexión futuro, Taiwán podría considerar aceptar un modelo tipo Beiping para evitar el uso inminente de la fuerza por parte de Pekín.

Versión en inglés en la web del East Asia Forum.

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