Crisis financiera: el regreso de la hidra bancaria

 |  21 de mayo de 2012

 

Esta semana en Informe Semanal de Política Exterior: otra vez los bancos.

Casi cuatro años después de la caída de Lehman Brothers, del rescate con dinero público de la banca estadounidense y de una crisis similar en la banca europea, vuelven a escucharse en ambos lados del Atlántico las voces que piden un nuevo intento de disciplinar al sector financiero para controlar el poder –y los sueldos– de sus directivos.

Las leyes aprobadas en Estados Unidos para evitar nuevos riesgos sistémicos, los stress tests realizados a la banca en Europa y las medidas dirigidas a reforzar las ratios de capital de las entidades han sido insuficientes para cambiar los hábitos temerarios del sector financiero. Hoy los bancos europeos dependen más que nunca del apoyo de los Estados, con lo que se ha producido una nacionalización de facto del sistema por la vía de los mercados de deuda.

En EE UU, la llamada “Volcker rule de la Ley Dodd-Frank, aprobada en 2010, introdujo reglas para controlar y limitar las inversiones especulativas de los bancos comerciales y regular los hedge funds. Sin embargo, las pérdidas por valor de 2.000 millones de JPMorgan Chase en operaciones especulativas de proprietary trading han demostrado que la gran banca ha hecho caso omiso de las líneas rojas trazadas.

Según el Washington Post, “los grandes bancos han vuelto a jugar con explosivos”. Como antes de la crisis, las pérdidas vinieron de las apuestas arriesgadas del banco en derivados. No es extraño, por ello, que se hable de nuevo de separar –definitiva e irreversiblemente– la banca comercial de la de inversiones para volver al orden que rigió el sistema financiero de EE UU entre la aprobación de la Ley Glass-Steagall, en 1933, y su derogación, en 1999. No hay otra solución si se quieren evitar nuevos rescates de los bancos.

El caso de JPMorgan ha aumentado la presión para doblegar la resistencia de los lobbies bancarios a la Volcker rule, que debe entrar en vigor en julio próximo. Jamie Dimon, el CEO de JPMorgan que se subió el sueldo un 11%, hasta los 23 millones de dólares, gastó 7,4 millones de dólares en abogados para retrasar y diluir la Ley Dodd-Frank y calificó de “infantil” a Paul Volcker, el expresidente de la Reserva Federal que propuso la regla. Dimon y otros grandes banqueros lograron rebajar los objetivos de la Volcker rule.

En 1970 los cinco mayores bancos de ee uu poseían el 17% de los activos del sector financiero; en 2010 esa cifra era del 52%. En la crisis de 2008, la propia diversificación, estructura y tamaño de las entidades puso en riesgo el conjunto del sistema, con lo que el gobierno federal no tuvo más remedio que intervenir para evitar que sus errores arrastraran al resto de la economía. El problema es que esos rescates penalizaron a los accionistas, no a los directivos. En Europa, los accionistas de los bancos holandeses han visto caer el valor de sus acciones una media del 28% anual desde 2007; los franceses, alemanes y suizos un 20%; y los británicos un 16%.

En EE UU la irritación ha llegado a tal punto que Richard Fisher, presidente de la Fed de Dallas, ha pedido que se limite el tamaño de los grandes bancos a través de un break-up similar al que se impuso a la Standard Oil en 1911 y a AT&T en 1974. Pero nada garantiza que esas iniciativas vayan a salir adelante. Muchos bancos comerciales en EE UU dependen de los productos financieros sofisticados para generar ingresos.

Otros analistas señalan que la Volcker rule no cubre los derivados utilizados por JPMorgan, que son de un nuevo tipo (synthetic credit trades), no previstos en esa norma. Un símil plausible es el de un virus mutante que se transforma y adapta constantemente para evadir las barreras de un sistema inmunológico. En Europa la urgencia de las reformas ha aumentado con la crisis de Bankia en España y el deterioro de los bancos italianos. La percepción de que los gobiernos nacionales han venido ocultando la precaria situación de sus bancos se ha generalizado, minando la confianza pública.

De ahí la presión para que la supervisión bancaria, la última competencia que les queda a los bancos centrales de la zona euro, pase a manos de la European Banking Authority. Es dudoso, sin embargo, que los países miembros accedan a ceder más poder a la Unión Europea en este terreno porque cuando los bancos entran en crisis, son los contribuyentes nacionales los que pagan la factura. Pero si no hay voluntad política para ceder soberanía en ciertas áreas clave, quizá el euro no pueda sobrevivir.

 

Para más información:

Fernando Barciela, «Crisis sin castigo». Economía Exterior 60, primavera 2012.

Francisco J. Valero, «El sistema bancario español: perspectivas». Economía Exterior 60, primavera 2012.

José Manuel Pazos, «Esos malditos… derivados». Economía Exterior 60, primavera 2012.

 

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