Los expresidentes españoles Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, durante un acto en Madrid, el 13 de marzo de 2017. GETTY

Agenda Exterior: España ante la crisis de Venezuela

 |  24 de octubre de 2018

¿Cómo puede España plantear una postura coherente hacia Venezuela? ¿Es hora de proponer un enviado especial de la UE?

 

Venezuela es un hundimiento a cámara lenta al que la comunidad internacional asiste en vivo y en directo. No hay esperanzas de un cambio de tendencia a corto plazo. Después de las elecciones del 20 de mayo, que no cumplieron con “los mínimos estándares democráticos”, la Unión Europea impuso nuevas sanciones al régimen de Nicolás Maduro. En España, la división (y confusión) en torno a la cuestión venezolana embarra el debate y lastra la posibilidad de una posición común de cara al exterior. Preguntamos a cuatro expertos si es posible en España una postura coherente hacia Venezuela, y si es hora de proponer un enviado especial de la UE.

 

Manuel Alcántara | Catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Salamanca y profesor en el INSTITUTO DE IBEROAMÉRICA.

Alcanzar un amplio acuerdo parlamentario en España sobre Venezuela no me parece realista. Se trata de un caso muy sensible para los extremos del arco parlamentario por sus vínculos obvios con el oficialismo venezolano en el caso de Podemos y con la oposición en el caso del Partido Popular. Por otra parte, el papel mediado del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero ha sido muy cuestionado por la oposición venezolana.

Dado que las elecciones de la llamada Asamblea Constituyente venezolana y las pasadas elecciones presidenciales no fueron legítimas, el régimen político venezolano está a punto de quedar en fuera de juego cuando se cumpla el mandato por el que fue elegido Maduro en 2013, últimas elecciones cuyos resultados fueron reconocidos por la comunidad internacional. Sobre esta base, una salida podría ser la de apoyar unas elecciones con supervisión de observadores aceptados por el gobierno y la oposición.

En cuanto al enviado especial de la UE, no veo muy claro cuál sería su papel.

 

Carmen Beatriz Fernández | Presidente DataStrategia Consultores. @carmenbeat

Lo coherente desde España sería tener hacia Venezuela una posición de Estado y no simplemente una postura de gobierno. Cuando el gobierno de Pedro Sánchez llegó al poder, una de las primeras declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, respecto a Venezuela afirmaba sostener una propia posición, independiente de las que ya habían tomado dos prominentes miembros de su partido; los expresidentes Zapatero y Felipe González. Sugería cierta equidistancia entre esas antípodas. Se suponía además que un gobierno surgido de frágiles alianzas parlamentarias tendría muy poco juego para alterar las políticas de Estado. Cuando hace un par de años Zapatero tuvo éxito convocando al diálogo de República Dominicana lo hizo avalado también por el gobierno de Mariano Rajoy. Zapatero no tenía el descrédito que hoy le acompaña y España actuó entonces con visión de Estado.

Las recientes iniciativas de Borrell sugieren, sin embargo, mayor cercanía a Zapatero que a González y una apuesta de la cancillería  por proponer caminos ya explorados, que solo sirvieron para oxigenar al régimen de Maduro. Sin embargo, las sanciones dejaron de ser una iniciativa española, para convertirse en una iniciativa europea donde hay consensos muy claros entre las fuerzas políticas, y ello obligó al ministro de Asuntos Exteriores español a desdecirse en sus objetivos. Incluso así, la defensa del régimen de Maduro más allá del 10 de enero de 2019 es muy cuesta arriba, hasta por parte de sus aliados, puesto que las “elecciones” que le reeligieron no han sido reconocida por ningún país occidental.

Para Europa es importante implicarse activamente en una solución, que probablemente no sea convencional, como respuesta a un problema hasta ahora poco conocido en la geopolítica mundial, una dictadura que lleva a un país al caos, derivado de un gran entramado de corrupción y crimen. Podría decirse que en Venezuela se juegan los valores democráticos occidentales, y la UE debe plantarse allí. Creo que el nombramiento de un enviado especial sería una muestra de compromiso con la solución de lo que es ya un problema hemisférico. El rescate democrático e institucional de Venezuela implicaría un período, probablemente largo por delante, aun cuando se resolviera el nudo gordiano del cambio político.

La pérdida de la visión de Estado en lo que respecta a la cuestión venezolana por parte de España puede estar haciéndole perder su liderazgo natural y sus ventajas comparativas en la elección de ese eventual delegado especial y su incidencia.

 

Luis Esteban González Manrique | Redactor jefe de Informe Semanal de Política Exterior.

La experiencia internacional de las últimas décadas ha demostrado la enorme capacidad que puede temer un régimen autoritario para mantenerse en el poder, incluso en las situaciones económicas más adversas, si está dispuesto a hacerlo a cualquier precio, reprimiendo a la oposición, encarcelando a sus adversarios y controlando con mano de hierro a los militares y las fuerzas de seguridad. Ese es el caso de Venezuela en estos momentos.

Ante ello, la comunidad internacional solo tiene como opción una acción coordinada de presión (sanciones, aislamiento…) que, aunque no ofrece garantías de lograr nada en la práctica, al menos eleva el precio que deben pagar las dictaduras por sus abusos.

Actualmente, ante la imposibilidad de que la Organización de Estados Americanos pueda aplicar la Carta Democrática Interamericana a Venezuela por falta de votos suficientes, la mejor alternativa para España es dar su respaldo al Grupo de Lima, que agrupa a países que representan el 90% de la población y el 90% de la economía regional, y a la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, cuya posición al respecto es clara y contundente. Es lógico. Italia, España y Portugal tienen un millón de ciudadanos residentes en Venezuela.

No estaría de más que el gobierno español se distancie de la equivoca mediación de Zapatero, unánimemente denunciada como encubridora por la oposición venezolana y de figuras latinoamericanas de prestigio como Luis Almagro, Moisés Naím, Ricardo Hausmann y Mario Vargas Llosa. Incluso líderes de izquierda como el colombiano Gustavo Petro o la peruana Verónica Mendoza y la expresidenta chilena Michelle Bachelet han calificado abiertamente de dictadura al régimen de Maduro. En política nunca hay justificación para la ingenuidad; casi siempre se trata de la voluntad de dejarse engañar.

En cuanto al enviado especial de la UE, es hora de proponerlo. Aunque solo sea un gesto simbólico. Venezuela ya rechazó la presencia de observadores de la UE en la últimas elecciones que convocó Maduro. Pero la campaña internacional para llamar la atención sobre la magnitud de la crisis de refugiados venezolanos es el mejor método para contrarrestar la contra-campaña propagandística del régimen para negar que exista un éxodo masivo de venezolanos al exterior. La reciente presencia del director de la Acnur, Filippo Grandi, en la frontera colombo-venezolana, donde declaró que la crisis es una de las mayores que haya visto en su carrera diplomática, o la gira de Angelina Jolie, embajadora especial de la Acnur, por Ecuador y Perú para constatar in situ la situación, demuestran la eficacia de esas iniciativas.

 

Carlos Malamud | Investigador principal para América Latina en el Real Instituto Elcano. @CarlosMalamud

Ante la crisis venezolana, España debe coordinar sus esfuerzos tanto con sus aliados europeos como con los latinoamericanos, sobre todo si quiere honrar su doble identidad (europea y latinoamericana) y hacer de ella uno de los pilares de su política exterior hacia la región. En este sentido, un mayor acercamiento a las posturas del Grupo de Lima, especialmente los países más próximos a España y a los más moderados dentro del mismo, sería oportuna para reafirmar el compromiso español con la región. Dada la magnitud de la crisis y la necesidad de adoptar en el futuro resoluciones de mayor calado, sería importante desplegar una política consensuada entre las principales fuerzas políticas que evitara bandazos y permitiera presentarse en Bruselas con una postura coherente. Es verdad que cualquier salida negociada es mejor que una salida violenta, pero en estos momentos no se observa demasiado compromiso del gobierno venezolano al diálogo, más allá de algunos comentarios interesados.

En el contexto de fuerte deterioro de la coyuntura interna, agravada por la hiperinflación y el desgobierno en Venezuela, no quedan claras las funciones de un enviado especial europeo. Su nombramiento tendría sentido en caso de que se abriera un espacio de negociación entre gobierno y oposición, se permitiera la participación de la comunidad internacional para aliviar la crisis humanitaria o la crisis se hubiera descontrolado totalmente. Otra cosa sería designar a un responsable de coordinar la ayuda europea con los países suramericanos para intentar paliar los efectos de la crisis migratoria.

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