#ISPE: La UE verde, víctima de la crisis

 |  27 de mayo de 2013

 

Esta semana en Informe Semanal de Política Exterior (#ISPE): tecnologías verdes

De los 11.944 artículos científicos publicados entre 1991 y 2011 por 29.083 autores de todo el mundo sobre el cambio climático, un 98,4% sostenía que el calentamiento atmosférico se debe a causas humanas; un 1,2% rechazó esa tesis y un 0,4% afirmaba que las pruebas no eran concluyentes. La concentración actual de CO2 en la atmósfera es de 400 partes por millón, el mayor nivel en varios millones de años. A ese ritmo, se alcanzarán las 800 partes hacia finales de este siglo.

Sin embargo, el asunto se ha ido desvaneciendo de la agenda europea debido a la crisis económica. La UE fue pionera en la lucha contra los gases de efecto invenadero al establecer el primer sistema de cap-and-trade, que establece un límite (cap) sobre el nivel de emisiones permitidas a un país o sector, fijando un precio por cada tonelada de CO2. El cap, regulado a través de los permisos, obliga a las empresas a hacerse más eficientes en su uso de la energía o comprar permisos de otras compañías o en el mercado abierto. En los últimos meses, el precio de esos permisos se ha desplomado, hasta menos de cuatro euros por tonelada de carbono, frente a los 40 que alcanzó en agosto de 2008, lo que desincentiva las inversiones en tecnologías verdes.

El 14 de abril, después de que el Parlamento Europeo rechazara reducir el número de permisos gratuitos para no aumentar los precios de la energía, el precio cayó hasta los 2,63 euros. En 2012, el comercio mundial de permisos de emisión, un 90% del cual se realiza en la UE, apenas llegó a los 62.000 millones de euros, frente a los 96.000 millones de 2011. Hoy emitir una tonelada de CO2 cuesta menos que una hamburguesa.

Como resultado, las empresas eléctricas europeas están usando cada vez más carbón y menos gas natural, lo que duplica las emisiones de carbono. La alemana E.ON, por ejemplo, ha anunciado que reducirá sus inversiones en energías limpias hasta menos de 1.000 millones de euros en 2015, frente a los 1.790 millones de 2012. Alemania inaugurará seis nuevas plantas eléctricas de carbón este año y unas 12 más hasta 2020. Reino Unido, por su parte, aumentó su generación eléctrica alimentada por carbón en un 30% el año pasado.

Hay varias razones que explican la caída de los precios. Una de ellas es que los gobiernos europeos concedieron demasiados permisos gratuitos (se duplicaron en 2012) a industrias pesadas como la siderurgia y el acero, que en los últimos cinco años excedieron sus emisiones en casi 300 millones de toneladas, según la Comisión Europea. Por otra parte, la recesión y la caída de la demanda eléctrica han reducido las emisiones industriales hasta el punto que las compañías ya no necesitan comprar más permisos para cumplir sus objetivos. La producción de acero en Europa, por ejemplo, ha caído un 30% desde 2007.

El problema es que otros países podrían abandonar sus políticas verdes si concluyen que la  experiencia europea ha fracasado. En 2012, por ejemplo, la inversión en energías limpias cayó un 37% en EE UU. Pero eso está lejos de ser cierto. Desde 2005 las emisiones europeas de CO2 se han reducido un 14% en los sectores cubiertos por el programa, una proporción que la recesión por sí sola no podría explicar.

La UE genera hoy de fuentes renovables un 23% de la energía que consume, frente al 13% en 2002. Canadá, China y Corea del Sur han anunciado sus propios sistemas de cap-and-trade. Pero es indudable que la UE no puede resolver el problema por sí misma. Según Brian  Ricketts, secretario general de la Asociación Europea del Carbón, “Europa no puede autoimponerse costes que el resto del mundo no acepta”. China, por ejemplo, es hoy responsable del 24% de las emisiones globales, frente al 17% de EE UU y el 8% de la zona euro, aunque las emisiones per cápita chinas son solo un 30% de las de EE UU.

Por su parte, BusinessEurope, que representa a 41 organizaciones patronales en 35 países, insiste en que la UE debería concentrarse en la seguridad energética y no en el cambio  climático. Si se mantiene esa tendencia, la posibilidad de reducir las emisiones de CO2 en los países desarrollados entre un 20-40% hacia 2020 en relación a 1990 son prácticamente nulas, a menos que se apliquen medidas coercitivas como nuevos impuestos a las emisiones o se dé un renovado impulso a la industria nuclear, algo muy improbable.

 

Para más información:

Michael Renner, «Economía verde al servicio de las personas«. Política Exterior 148, julio-agosto 2012.

David Buchan,  «Nuevas inseguridades en la energía europea«. Economía Exterior 58, otoño 2011.

Claudio Aranzadi, «Crisis, post-crisis y escenario energético«. Economía Exterior 58, otoño 2011.

Rolando Fuentes Bracamontes y Lara Lázaro Touza, «Acuerdos climáticos internacionales y eficiencia energética«. Economía Exterior 58, otoño 2011.

Stanley Reed, «Europe faces a crisis in energy costs«. The New York Times, abril 2013.

Brad Plummer, «Europe´s cap-and-trade program is in trouble. Can it be fixed?«. The Washington Post, abril 2013.

 

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