POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 141

¡¡¡Que paren las máquinas!!!

EDITORIAL
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La muerte de Osama bin Laden, nueve años, siete meses y veintiún días después de los atentados del 11-S, es un acontecimiento de tal dimensión que no justifica, pero explica, un frenazo. En el filo del día, Política Exterior ha decidido parar, rehacer su editorial y su cubierta.

Que el presidente de Estados Unidos y sus colaboradores vieran en directo el desembarco de las SOF, Special Operation Forces, en Abbottabad, a 80 kilómetros de Islamabad parece irreal.

Sin embargo, el papel físico –electrónico o del siglo XVIII– es necesario para explicar. Y una democracia, parcial o global, espera que miles de millones de habitantes del planeta reciban  informaciones y opiniones enfrentadas sobre el papel: pensadas.

Ha sido un éxito tan tardío como descomunal. De golpe, la imagen de Estados Unidos ha cambiado en el mundo. Salvo accidentes imprevisibles, el presidente Obama asegura su reelección, además de una nueva mayoría en el Congreso en 2012. Pero esto es lo de menos. La euforia americana no es solo de los demócratas. Es la del país entero, más allá de la política, como ha dicho el presidente.

Habrá cambios estratégicos difíciles de valorar hoy. La condición explosiva de los países árabes es imprevisible. Al Qaeda en el Magreb es hoy distinta de Al Qaeda en la Península Arábiga. Hay una nueva descentralización del radicalismo ultraviolento. Y al tiempo, es incalculablemente mayor la capacidad de respuesta de los países atacados, Estados Unidos, España, Indonesia, Turquía, Reino Unido, Marruecos…

Estados Unidos ha tenido casi 10 años para planear esta muerte. Aun así, ha sido un admirable modelo. Bin Laden está hoy en el fondo del océano Índico, donde todo es oscuro.

Se acepte o no, Bin Laden intentó clavar su espada en el cuerpo del Islam. Eso al menos pensamos aquí. No lo consiguió. Las…

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