Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano (Tiziano, 1548). Madrid, Museo del Prado. GETTY

¿Protestantes contra católicos en la UE?

Hay quien interpreta la disputa en torno a la respuesta a la crisis del Covid-19 como un enfrentamiento entre una Europa católica y otra protestante. Cabe preguntarse por la pertinencia de esta interpretación.
ÀNGEL FERRERO
 |  10 de junio de 2020

El marco –como se dice ahora en comunicación política importa. Tras la crisis de 2008, el filósofo Antoni Domènech no se cansó de denunciar una de las comparaciones más frecuentes entonces, que equiparaba a Estados con familias. Angela Merkel popularizó aquella comparación aludiendo al “ama de casa de Suabia”, que sabe que no puede gastar más de lo que ingresa. Era una imagen reconocible y caló hondo. También era falaz: a diferencia de una familia, recordaba Domènech, los Estados tienen el poder de recaudar impuestos o imprimir dinero fiduciario.

Lo que la metáfora familiar fue para la crisis financiera global podría llegar a serlo la metáfora religiosa para la tensión en la Unión Europea causada por la pandemia de SARS-Cov-2. Hay quien interpreta la reciente disputa en torno a los coronabonos y las ayudas comunitarias a los países más afectados por la pandemia, e incluso la manera de gestionar esta, como un enfrentamiento entre una Europa católica y otra protestante, y los valores de una y la otra, sobre todo en lo tocante a la ética laboral. No es necesario extenderse aquí en la probada influencia de la religión en las sociedades europeas, pero sí preguntarse por la pertinencia de esta interpretación.

¿Es Alemania un país protestante? Según datos de 2018, la Iglesia católica tenía más de 23 millones de miembros (27,7% de la población), mientras la protestante congregaba a más de 21 millones (25,5%). De acuerdo con el censo de 2011, en los Länder de la antigua República Democrática Alemana (RDA) la mayoría se declara sin afiliación religiosa. Son los Estados del sur del país, como Baviera o Baden-Württemberg, de mayoría católica, los que tienen en la actualidad la mayor renta per cápita (entre 40.000-50.000€ anuales). Los occidentales, como Renania del Norte-Westfalia, igualmente de mayoría católica, han tenido históricamente un mayor peso económico. Cabe destacar, además, que Alemania contó en su oposición a los coronabonos con el apoyo de Austria, un país de mayoría católica (5,1 millones) en el que la comunidad protestante, con 293.000 miembros, está muy por detrás de los cristianos ortodoxos (775.000) y los musulmanes (700.000). Por lo demás, el rechazo a los coronabonos podría ser menos generalizado de lo que se cree: según un sondeo del Instituto Max Planck de Colonia cuyos resultados se hicieron públicos a comienzo de mayo, un 48% de los alemanes se mostró favorable a la emisión de eurobonos.

La pregunta también puede invertirse. ¿Hasta qué punto siguen siendo católicos los países del sur de Europa (incluyendo Francia)? Aún si dejamos de lado las cifras de los registros oficiales, ¿en qué grado podemos evaluar la persistencia en sus sociedades de los valores morales asociados a una religión dada? ¿Se corresponden esos valores realmente al cuerpo teológico de dichas religiones o no son más que prejuicios para satisfacer determinadas políticas y representaciones nacionales?

 

Religión y productividad, mito y realidad

La raíz hay que buscarla en una obra que aparece citada con frecuencia en estos análisis: La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Max Weber, escrita en 1905 a partir de la observación de que los protestantes –en particular, los calvinistas– de la ciudad alemana de Baden ganaban más que los católicos y, a diferencia de estos, estaban más presentes en las escuelas técnicas que en las artísticas. La hipótesis de Weber era que el acento en el trabajo, la austeridad y la idea de predestinación contribuyeron al desarrollo inicial del capitalismo moderno al facilitar la acumulación de capital. Algunas frases de Lutero –“El hombre está hecho para trabajar como el pájaro para volar”; “Dios no quiere ociosos, sino que debe trabajarse con fe y esfuerzo”– o Calvino –“Nuestro trabajo es un servicio a Dios y sagrado, la ociosidad y el libertinaje corrompen a los hombres: esfuérzate en tu trabajo y vive con modestia”– avalarían esta tesis.

Este clásico de la sociología es la piedra angular sobre la que algunos autores construyen sus tesis, sin reparar en los daños que, inevitablemente, el paso del tiempo ha causado en él. Ya en 1934 el economista polaco Henryk Grossman escribió una crítica a La transición de la imagen del mundo del feudalismo al capitalismo, un libro del historiador y sociólogo Franz Borkenau que partía de las tesis de Weber. Como apuntaba Grossman, “corrientes específicas en el catolicismo […] se ajustaban en principio mejor que el protestantismo para convertirse en un instrumento” del desarrollo capitalista. Luis de Molina, por ejemplo, escribió un Tratado sobre los préstamos y la usura en el que consideraba lícito percibir un interés bajo determinadas circunstancias, como otros miembros de la Escuela de Salamanca a la que pertenecía y que también elaboró una teoría sobre la propiedad privada.

“Que el calvinismo o alguna corriente religiosa relacionada no suponen una precondición necesaria para los orígenes del capitalismo y que la ‘creación de una moral de masas capitalista’ únicamente puede ‘tener éxito sobre la base del irracionalismo religioso’ lo refuta el hecho histórico de que el capitalismo emergió dos siglos antes en Italia […] sin la ayuda del calvinismo”, afirmaba Grossman. Remite al lector al capítulo 28 de El capital, donde Karl Marx recoge algunos ejemplos de leyes en Europa occidental que, desde finales del siglo XIV y hasta el siglo XVI, tenían como fin disciplinar a las masas campesinas expropiadas que vagabundeaban –si era preciso con castigos corporales como latigazos y marcas con hierros candentes– y convertirlas en mano de obra asalariada para las nacientes manufacturas.

En 2009, Davide Cantoni, profesor de Economía de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich, puso a prueba empíricamente la tesis de Weber con un estudio de la evolución económica de las ciudades protestantes y católicas en el Sacro Imperio Romano Germánico tras la Reforma. “Muchos observadores han atribuido el auge de Inglaterra y Holanda en los siglos XVII y XVIII, en oposición al declive de España e Italia, a su fe protestante”, indica en la introducción. “De manera similar, las actitudes hacia las leyes contra la usura y la comisión de intereses se han planteado como un importante catalizador: Calvino aprobaba el préstamo con intereses en los negocios (Carta sobre la usura, 1545), mientras la Iglesia católica reafirmó la prohibición de la usura en la bula Vix pervenit hasta 1745”, agrega el autor. Conviene subrayar que, a diferencia de Calvino, Lutero se oponía a la usura, que calificó como una “manifestación de codicia o pereza”. De acuerdo con estas teorías, plantea Cantoni, “uno esperaría efectos positivos del protestantismo en el crecimiento económico de las ciudades calvinistas, en particular en aquellas ciudades con potencial para el comercio”. Pero los resultados del estudio demostraron que las diferencias eran “prácticamente indistinguibles”.

Socavados sus cimientos, en el peor de los casos la metáfora religiosa para analizar los debates europeos está abocada a una pendiente en la que al sesgo de confirmación le sigue la pedantería histórica. Y, a esta, los estereotipos nacionales, después la polémica estéril y, finalmente, el intercambio de golpes en la esfera de la opinión pública. El debate europeo merece más.

1 comentario en “¿Protestantes contra católicos en la UE?

  1. Creo que el artículo «Protestantes contra católicos ….» tiene un sesgo histórico que lo conduce inevitablemente a la no «aplicación» de la Tesis de Max Weber. Hay elementos históricos suficientes para poderlo dirigir a la tesis que manifiesta que: Los protestantes expulsados de Francia (Hugonotes- Calvinistas) iniciaron el capitalismo en los Países Bajos y ello hay que entenderlo como producto de la raíz del pensamiento protestante sobre el trabajo y la austeridad, al menos en los estados actuales de Holanda y Dinamarca, hecho que se puede trasladar a Suecia (frugales en términos coloquiales). El caso de Austria tiene otros elementos sociológicos y de opciones económicas nacionales y Alemania se ha alineado por vez primera con las Tesis del Sur. Gracias por su atención.

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