¿Qué está ocurriendo en República Centroafricana?

 |  30 de enero de 2015

El 19 de enero, las fuerzas de paz de Naciones Unidas (Minusca) en República Centroafricana (RCA) anunciaron la captura de uno de los líderes de la milicia Anti-Balaka, Rodrigo Ngaibona, conocido como General Andilo. La Minusca trata de pacificar el país desde septiembre del 2014 y ha llevado acabo ya 200 arrestos, siendo este el más importante. Sin embargo, el portavoz de los Anti-Balaka, Igor Lamaka, ha advertido que esta detención pondrá en peligro la reconciliación entre las partes del conflicto.

La crisis humanitaria que vive el país es consecuencia de los enfrentamientos entre los Séléka y los Anti-Balaka, dos guerrillas que compiten por cuestiones políticas, económicas y religiosas. La República Centroafricana había sido desde su independencia de Francia un Estado inestable, considerado como fallido y sometido a diversos regímenes autoritarios. Los diferentes dictadores subían y bajaban a la presidencia mediante golpes de Estado con la complicidad de su antigua metrópoli, que nunca ha renunciado a sus intereses en RCA. Sin embargo, nunca como hasta ahora se había encontrado en una situación humanitaria tan grave. De hecho, el 21 de enero, la Comisión de Investigación para la República Centroafricana recomendó establecer un tribunal internacional para juzgarlos los crímenes de guerra que se han cometido en el país.

 

La Séléka

La raíz de la violencia surgió en 2012 cuando ciertas facciones del Estado pidieron la dimisión del presidente François Bozibé. Los rebeldes alegaban que el presidente no había cumplido los acuerdos de paz y se organizaron en un único grupo, Séléka (“alianza” en sango). La Séléka está formada mayormente por musulmanes y reivindicaban mayor integración de sus grupos en el gobierno, pagos a los milicianos que abandonaran las armas y liberación de prisioneros políticos. En esta ocasión, Francia rehusó intervenir y tan solo envió el número de efectivos suficientes para salvaguardar sus intereses y a sus ciudadanos. Por su parte, el resto de la comunidad internacional creyó que el gobierno podría reprimir a los rebeldes.

Pero en enero de 2013, la milicia ya controlaba el 75% del país y se puso de acuerdo con el gobierno para alcanzar una tregua. El alto al fuego terminó en marzo, cuando los guerrilleros acusaron a Bozibé de incumplimiento de los acuerdos una vez más y tomaron la capital, Bangui, ese mismo mes. Bozibé fue expulsado y Michel Djotodia, líder de la Séléka, asumió la presidencia, disolviendo la milicia en septiembre. Sin embargo, muchos de los milicianos no reconocieron al presidente ni la disolución de la milicia, por lo que esta nunca llegó a disolverse.

 

Los Anti-Balaka

La Séléka gobernó con terror allí donde se impuso, quemando casas y asesinando a civiles; además propició la llegada de mercenarios musulmanes de los países de alrededor. En un país que es principalmente católico (50%) y con una minoría musulmana (15%), las creencias religiosas nunca habían sido un foco de tensión. Sin embargo, tras los abusos de los Séléka empezaron a reunirse grupos armados cristianos bajo el nombre de Anti-Balaka (antimachete). Los Anti-Balaka lanzaron en diciembre de 2013 una ofensiva en Bangui desplazando a la Séléka de la capital y provocando la dimisión de Djotodia. Sin embargo, la nueva presidenta electa por el Consejo Nacional de Transición, Catherine Samba-Panza, tampoco agrada a los Anti-Balaka, que consideran imprescindible su dimisión para llegar a un acuerdo. En palabras de Igor Lamaka, «la única solución para que vuelva la paz en República Centroafricana es la dimisión sin condiciones de Samba-Panza y su primer ministro”.

La milicia cristiana ataca de forma indiscriminada a toda la población musulmana, equiparándolos a la Séléka. “Aunque es la población cristiana la que más había sufrido hasta ahora, según disminuye el poder de la Séléka la población musulmana, que es minoría, puede sufrir mucho más” dijo Lawrence D. Wohler, embajador de Estados Unidos en RCA hace un año. Sus predicciones fueron acertadas. En diciembre de 2014, 415.000 personas se habían refugiado en los países vecinos, la mayoría musulmanas. El gobierno no permite la salida de los musulmanes del país por miedo a ser acusados de colaborar con una limpieza étnica. La Séleka se ha retirado de muchas de las zonas que controlaba y se mantiene activa en zonas aisladas, presionada por las fuerzas de paz internacionales. Esto deja a los musulmanes a merced de los Anti-Balaka.

 

Lo que hay detrás

El conflicto, bajo una apariencia puramente religiosa de enfrentamiento entre musulmanes y cristianos es también en gran parte consecuencia de la explotación y la corrupción. El mismo Bozibé, cuando dejó el país había acumulado una fortuna de 20 millones de dólares por cada año que estuvo a la cabeza de uno de los países más pobres del mundo. Las zonas del norte (de donde proviene la Séléka) estuvieron durante años sin fondos para el desarrollo ni ningún tipo de inversión, y cuando surgieron las primeras voces disidentes, Bozibé respondió quemando aldeas enteras. Por otro lado, aquellos que protegen a los musulmanes de los Anti-Balaka son principalmente clérigos católicos y cristianos. El pastor baptista David Koudougeret afirma: “La causa última de la inestabilidad no es religiosa, sino política, quien llega al poder hace del país su máquina privada de hacer dinero”.

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