Desde su nombramiento como secretario general a finales de 2012, Xi ha eliminado a sus principales rivales políticos y asumido un cargo tras otro. GETTY

XIX Congreso del PCCh: Xi asciende un peldaño más

FERNANDO DELAGE
 |  17 de octubre de 2017

El 18 de octubre se inaugura el XIX Congreso del Partido Comunista Chino, la convocatoria quinquenal en la que la mayor organización política del mundo –cuenta con más de 85 millones de miembros– renueva sus órganos internos y fija las grandes orientaciones políticas para el lustro siguiente. En ambos frentes tendrá este Congreso una especial relevancia.

Aunque la confirmación de Xi Jinping para un segundo (y, en teoría, último) mandato como secretario general está garantizada, el alcance de su influencia será lo que más atraerá la atención de los observadores. Según las normas del partido, solo dos de los actuales siete miembros del Comité Permanente del Politburó, el corazón del poder político chino, mantendrán su puesto: el propio Xi y el hasta ahora primer ministro, Li Keqiang. La selección de los cinco restantes, así como la nueva composición del Comité Central (integrado por 205 miembros), determinará hasta qué punto Xi ha logrado imponer su poder personal. Tres claves servirán de indicación al respecto.

La primera será si –en contra de las prácticas del sistema– Wang Qishan, mano derecha de Xi, es renovado por tercera vez como miembro del Comité Permanente. Como presidente de la Comisión de Inspección Disciplinaria, Wang ha sido el principal responsable de la campaña contra la corrupción. Su anterior experiencia como ministro de Finanzas hace de él un candidato preferente para sustituir a Li –según se especula en algunos medios– como primer ministro.

Si, por otra parte, no se designa a un sucesor aparente de Xi como secretario general –cuyo nombramiento se formalizaría en el XX Congreso en 2022–, podrá interpretarse que Xi desea mantenerse en el poder más allá de los dos mandatos que le corresponden. El cese por sorpresa, a finales de julio, de Sun Zhengcai, secretario del PCCh en Chongqing y uno de los dos únicos miembros del actual Politburó (de un total de 25) con posibilidades de ocupar dicho puesto, podría apuntar en tal dirección.

Si, por último, se acuerda incluir en la Constitución china el “pensamiento” de Xi como parte integrante de la ideología del Partido Comunista, junto al marxismo-leninismo y el pensamiento de Mao Tse-tung, no solo se elevaría su estatus, sino que de manera automática se reduciría el de sus dos antecesores, Jiang Zemin y Hu Jintao. (Ni siquiera las aportaciones doctrinales de Deng Xiaoping son definidas oficialmente como “pensamiento”, sino bajo la categoría inferior de “teoría”).

Desde su nombramiento como secretario general a finales de 2012, Xi ha eliminado a sus principales rivales políticos y asumido un cargo tras otro, como la presidencia de las comisiones sobre reformas económicas y sobre seguridad nacional, creadas por él mismo en 2013. También ha sido formalmente designado “núcleo central” del partido –título que ostentaron Mao y Deng, aunque no lo recibieron con tanta celeridad–, así como “comandante supremo” de las fuerzas armadas (ni Jiang ni Hu lo fueron). Las voces discordantes han sido neutralizadas, mientras que los medios de comunicación han recibido instrucciones para demostrar su lealtad al partido; es decir, a su líder máximo.

Se multiplican pues los indicios de la intención de Xi de abandonar las reglas de liderazgo colectivo impuestas en su día por Deng para evitar la aparición de un nuevo Mao. Si, como también se cree, el congreso rescata la figura del presidente del PCCh para Xi –un cargo que en la historia de la República Popular solo ostentó el Gran Timonel–, obtendrá entonces de manera oficial un rango por encima de los otros miembros del Comité Permanente: ya no será un mero primus inter pares como Jiang o Hu. La centralización del poder y el control ideológico pueden ser, según Xi, necesarios para evitar la suerte del Partido Comunista de la Unión Soviética, una experiencia determinante en la manera de pensar de los líderes chinos. Pero habría que preguntarse si este culto a la personalidad es la mejor manera de responder a los desafíos económicos y diplomáticos que afronta China.

 

La primera economía del mundo

Además de las cuestiones relacionadas con la organización interna del partido, el congreso aprobará el informe de gestión que leerá Xi; un documento que también establecerá las principales prioridades hasta 2022. Entre ellas, será decisivo el mensaje que se transmita sobre las reformas económicas. Desde 2013, el PCCh asumió un discurso reformista para facilitar el cambio de modelo de crecimiento que necesita el país, pero esos cambios –orientados a otorgar un mayor espacio al mercado– se vieron en buena medida paralizados por la dinámica política. Logrados sus objetivos políticos durante su primer mandato, Xi necesita ahora del congreso que se acuerde reactivar dichas reformas si quiere hacer realidad su ambición de que, hacia 2021 –fecha en que se conmemorará el centenario de la fundación del partido–, la economía china alcance a la de Estados Unidos para convertirse en la mayor del mundo, y puedan a la vez sentarse las bases de un crecimiento sostenible en el futuro, apoyado en la innovación, la tecnología y el sector servicios.

El XIX Congreso se celebrará, por último, cuando China ha adquirido un protagonismo internacional sin precedente. En el contexto de una administración estadounidense con tendencias proteccionistas y aislacionistas, y una Unión Europea en uno de los momentos más difíciles de su historia, Pekín se encuentra ante una oportunidad única para influir en la reconfiguración del orden internacional. De Corea del Norte a la iniciativa de la Ruta de la Seda, de la estrategia hacia Japón o India a la política de hechos consumados en el mar de China Meridional, entre otros asuntos, el congreso debería “oficializar” los cambios realizados por Xi en la diplomacia china desde su llegada al poder. Confirmar su posición como gran potencia forma parte central de la legitimación interna del PCCh. Al mismo tiempo, como consecuencia del peso económico, diplomático y militar adquirido por China a escala global, las decisiones adoptadas en este congreso repercutirán más allá del escenario nacional.

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