Frontera sur de Macedonia con Grecia, febrero de 2017. GETTY

Agenda Exterior: política exterior de la UE

AGENDA PÚBLICA Y POLÍTICA EXTERIOR
 |  9 de mayo de 2019

¿Cuáles son los retos internacionales a los que Europa debe hacer frente? ¿Está preparada para afrontarlos?

Hoy se celebra el Día de Europa en recuerdo de la denominada Declaración Schuman, con la que el ministro de Exteriores francés impulsó la integración de los Estados europeos. Nació entonces la primera Comunidad Europea: la del Carbón y el Acero. Sesenta y nueve años después y con unas elecciones a la vuelta de la esquina, Europa tiene todavía por delante numerosos desafíos para alcanzar una unión real. Tras los peores años de la crisis económica, en la que la Unión Europea ha concentrado todas sus energías en sus problemas internos, parece el momento idóneo de ocuparse también de lo que ocurre fuera. Preguntamos a un grupo de expertos cuáles son los retos internacionales a los que debe hacer frente Europa y si está preparada para afrontarlos.

 

Pablo Colomer | Subdirector de Política Exterior.

En un mundo que recupera malos hábitos, viejos vicios, un mundo donde la competencia entre las superpotencias se impone, el interés nacional pierde amplitud de miras y terrenos antes propicios a la multilateralidad y la cooperación –como el comercio internacional– se convierten en juegos de suma cero donde ganar o perder poder geopolítico, en un mundo así, ¿qué papel puede desempeñar una superpotencia posmoderna, un ente híbrido, post-soberanista, una amalgama de intereses, valores y visiones? Se suele decir que la UE pelea en la arena internacional con una mano atada la espalda. Ojalá. La Unión Europea es un boxeador que ha dejado atrás el boxeo, que ya no cree en él, forzado a subirse al cuadrilátero un día sí y otro también. Su destino es, en el mejor de los casos, la melancolía; en el peor, la lona.

Los retos son variados, y la gran mayoría globales. Desde el cambio climático a los paraísos fiscales. Para abordarlos es necesaria una acción concertada de todas estas superpotencias que hoy compiten por ver quién grita más fuerte. La UE no está preparada para este mundo, pero podría estarlo. Para ello necesita seguir ahondando en el experimento –la integración, incluida la política exterior– y no hablar con una sola voz, porque no es posible, pero sí lanzar un solo mensaje, alto y claro. El papel de Europa en este mundo que vuelve a nacer es probar que las cosas pueden salir bien. Si se consigue a escala europea, ¿por qué no repetir la fórmula a escala global?

 

Ernest Urtasun | Eurodiputado y cabeza de lista al Parlamento Europeo por En Comú Podem. @ERNESTURTASUN

Uno de los retos principales que tiene la UE es la estabilidad política y el desarrollo económico de su vecindad sur. En los últimos años ha faltado coraje y valentía para acompañar e incidir de forma decidida en escenarios como Libia, donde países como Irán o Arabia Saudí han jugado incluso un papel más relevante que la propia Unión. La vecindad mediterránea sigue trabajando con los parámetros y viejos instrumentos de la Política Europea de Vecindad y el Instrumento Europeo de Vecindad que, a pesar de mover 15.000 millones de euros en siete años, no está adaptado a la nueva realidad de la zona. No podemos seguir con instrumentos antiguos y acomodando nuestra política exterior a una restauración autoritaria, en cuyo marco solo trabajamos para el control de los flujos migratorios. El debate interno europeo en relación con la migración es hoy sin duda un freno al desarrollo de una agenda de política exterior más valiente, que apueste decididamente por la estabilidad y el refuerzo institucional a partir del desarrollo socioeconómico y el apoyo a la sociedad civil.
Por otro lado hay tres escenarios que representan un éxito notable de la acción de la UE bajo Federica Mogherini: Cuba, Colombia e Irán. Estos tres escenarios plantean hoy sin embargo riesgos notables, que requerirán que la UE redoble sus esfuerzos para apuntalar tanto el acuerdo nuclear en Irán como el proceso de paz en Colombia y el nuevo marco de relaciones político con La Habana. Finalmente, la anunciada retirada de Estados Unidos del acuerdo climático de París necesitará de una UE activa en la escena internacional, probablemente al lado de China, para que la comunidad internacional mantenga los compromisos adquiridos.

 

Ruth Ferrero-Turrión | Profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense y en la Carlos III de Madrid. @RFT2

Desde el comienzo del proceso de construcción europeo se ha reflexionado acerca del papel que debería jugar la Unión Europea como actor global. Sin embargo, ante el riesgo de irrelevancia geopolítica es imprescindible abordar el debate sobre qué tipo de Europa queremos. Una que se sostenga sobre una percepción de presencia, que se identifique con unos determinados valores y modelos, sobre el poder blando; o una que se aproxime más a lo que tradicionalmente se ha denominado poder duro, centrada en la militarización de la seguridad y sí, la creación de un ejército.

Sea cual sea la opción elegida, el hecho es que uno de los principales desafíos que tiene por delante la UE en este nuevo ciclo político no es solo plantear su papel en el mundo, sino el articular una verdadera política exterior, a ser posible coherente con los principios y valores defendidos en la propia Unión. Esto permitiría actuar como actor global con peso propio. Obviamente, las resistencias son inmensas y la coyuntura no es favorable.

Como este desafío no parece poder solventarse a corto y medio plazo, la nueva institucionalidad que surja de las urnas del 23 al 26 de mayo tendrá que lidiar con varios retos. Quizás el más urgente sea el relacionado con la necesidad de implantar cambios en el diseño de la Política Europea de Vecindad. Tanto la frontera sur como la frontera este atraviesan un momento de máxima inestabilidad política. Parece que el modelo de isomorfismo europeo no funciona. Allá dónde se consigue estabilidad no se alcanza la democracia, y allí dónde se inician movimientos democráticos la seguridad europea se ve amenazada. La cuestión migratoria, además, se sitúa en el epicentro del tipo de política que se desarrolle en esta región. Es improrrogable una reforma de las políticas que tienen que ver con la vecindad.

Muy vinculado con lo anterior, las relaciones con Rusia y Turquía. Dos potencias regionales que Bruselas ha de tener siempre presentes en sus políticas de proximidad, algo que no siempre ha sido el caso. Es imprescindible el diálogo y la cooperación con ambos actores.

Finalmente, aunque hay que prestar atención a las relaciones transatlánticas, los grandes retos globales a los que se enfrenta Europa son sin ningún género de dudas aquellos vinculados en sentido amplio a las amenazas de ciberseguridad y el cambio climático, que Bruselas debería abordar en el ámbito internacional desde el multilateralismo más feroz.

 

 

Martín Ortega Carcelén | Profesor de Derecho Internacional en la Universidad Complutense de Madrid.

En los últimos años, la proyección internacional de la UE ha experimentado un salto cualitativo, a través del servicio de acción exterior, las operaciones civiles y militares, y la adopción de sanciones. Pero el impacto de la Unión sobre el orden global no ha sido el que muchos hubiésemos deseado. La UE debe potenciar todavía más su acción exterior para convertirse en la fuerza transformadora que el mundo necesita.

El primer reto actual para la UE es la región del Mediterráneo, donde los conflictos de Siria y de Libia han dado al traste con la idea de que este mar debía convertirse en un espacio de estabilidad y cooperación. Junto a la construcción estatal allí donde es necesaria, la Unión debería apoyar también la construcción regional, sobre todo en el Magreb. La experiencia integradora de la UE debe transmitirse a esta región donde las fronteras siguen siendo obstáculos.

En un segundo círculo, habría que señalar amplios campos de acción en el vecindario al este y en el sur, pero España debería llamar la atención sobre el África subsahariana. El buen gobierno, la seguridad y la educación en este continente serán cada vez más importantes, debido al aumento exponencial de su población. No es bastante que los países miembros de la Unión actúen por su cuenta; deberían identificar áreas donde operar conjuntamente.

El tercer reto internacional para la UE se aprecia en el plano global. La guerra comercial entre Estados Unidos y China es sin duda perjudicial para todos, pero el desmoronamiento de la gobernanza global está alcanzando otras áreas. El libre comercio, la lucha contra el cambio climático, la búsqueda de una paz duradera en Oriente Próximo, o la regulación más racional de las finanzas internacionales son objetivos que los europeos deben sostener, incluso (o con más razón) si el presidente Trump decide abandonarlos. La Unión debería comprender su papel esencial como garante de progreso histórico en las relaciones globales.

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