Juan Guaidó, autoproclamado presidente interino de Venezuela, durante una sesión de la Asamblea Nacional liderada por la oposición en la plaza Alfredo Sadel de Caracas el 23 de julio de 2019/GETTY

Agenda Exterior: Venezuela

AGENDA PÚBLICA Y POLÍTICA EXTERIOR
 |  25 de julio de 2019

¿Qué esperar de los encuentros en Barbados entre las partes enfrentadas en Venezuela?

Han pasado seis meses de la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente de Venezuela y el gobierno de Nicolás Maduro continua al frente del país, que atraviesa una profunda crisis humanitaria. El impasse ha llevado a ambas partes a acogerse a un proceso de diálogo en Barbados bajo los auspicios de Noruega, en el que de momento no se ha producido ningún avance significativo. Ya lo hicieron en 2018 en República Dominicana y, este año, en Oslo en dos ocasiones; siempre con el mismo objetivo: buscar una salida al bloqueo político en el que sigue sumido el país. Mientras tanto, Venezuela se ha convertido en un terreno de maniobras para terceros: de China a Estados Unidos, pasando por Brasil y Rusia. Preguntamos a diversos expertos sobre el futuro de las negociaciones entre los representantes de Maduro y Guaidó.

 

Carmen Beatriz Fernández | Presidente de DataStrategia Consultores. @carmenbeat

Elecciones libres. Si hubiera que definir un único subproducto de la mesa de Barbados sería ese: la aceptación conjunta de un cronograma electoral que, creando las condiciones necesarias, culmine en la celebración de unas elecciones libres y transparentes. La inviabilidad del régimen de Maduro alcanza hoy un amplio consenso, tanto en la sociedad venezolana, incluyendo a buena parte del chavismo, como en la comunidad internacional. El desenlace no puede ser otro que elecciones presidenciales.

Los disensos de Barbados estarían, precisamente, en el cómo y el cuándo de esas elecciones libres. El equipo de Maduro pretendería estar al frente del poder hasta la celebración de esas elecciones. El equipo de Guaidó antepone a los comicios la salida de Maduro del poder y un gobierno de transición que haga posible establecer las condiciones electorales apropiadas. La transición es el período necesario para: i) desmontar el aparato de control social ligado al voto instaurado por el régimen venezolano; ii) depurar el registro electoral; iii) garantizar el derecho a elegir de la diáspora, y iv) garantizar la imparcialidad de las fuerzas armadas. Sin embargo, una suerte de “outsourcing electoral”, avalado, monitoreado y hasta ejecutado en algunas fases por la comunidad internacional bien podría sustituir al “gobierno de transición”, y por ahí podrían ir los acuerdos.

Según cifras oficiales, más de cuatro millones de venezolanos han abandonado el país durante la presidencia de Maduro. La OEA asegura que el número podría duplicarse. Este éxodo no solo es una sangría para Venezuela, sino un problema hemisférico de proporciones mayúsculas, al que la comunidad internacional ha decidido enfrentarse. Por eso “continuo y expedito” son los calificativos que le ha puesto Oslo al encuentro de Barbados. La solución urge, y un arreglo tardío o a destiempo no es solución.

Por otro lado, mientras en Barbados se delibera la presión aumenta. El régimen de Maduro continúa la represión política, mientras que la Asamblea Nacional presidida por Guaidó aprueba solicitar la adhesión al TIAR, un tratado de alianza hemisférica del que Venezuela se salió en 2012 a iniciativa de Chávez. Por su parte, el departamento de Estado de EEUU manda inequívocas amenazas al régimen mediante sus principales voceros. Todo ello también le pone presión al acuerdo.

En Barbados coinciden las que, en apariencia, constituyen las dos partes de un conflicto local: la representada por el gobierno de Maduro y la del gobierno de Guaidó. Pero más importante que las partes allí visibles son las menos visibles. Porque ese espacio de encuentro existe por la presión de la comunidad internacional. Cada uno de esos casi 60 países que ha reconocido a Guaidó ha expresado su compromiso al hacerlo y, de alguna manera, pone en juego en ello su propia reputación. Un desenlace distinto al democrático para Venezuela les acarrearía problemas en su reputación internacional, pero también probablemente en la política doméstica. Otro actor invisible que presionaría para un desenlace serían las fuerzas armadas venezolanas.

Así las cosas, parece obligado que salga humo blanco de las conversaciones de Barbados. Y expedito es su adjetivo.

 

Luis Esteban González Manrique | Redactor jefe de Informe Semanal de Política Exterior.

Los antecedentes de las negociaciones previas, que Nicolás Maduro utilizó para ganar tiempo, no invitan al optimismo, sobre todo porque el régimen ha vuelto a hablar de un “diálogo permanente por la paz”, precisamente lo que la oposición quiere evitar.

El problema es que ni el gobierno siente indispensable negociar una salida porque no está en peligro extremo, ni la oposición está preparada para garantizar a militares y chavistas el control de un eventual gobierno de transición y una amnistía integral para responsables de graves violaciones de derechos humanos.

En su momento, hasta el papa Francisco, en una carta que el Vaticano filtró a la prensa, acusó a Maduro de haber incumplido las promesas que hizo al secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, exnuncio en Caracas. El propio Maduro ha dicho que la derecha “nunca volverá a gobernar» y que habrá “revolución bolivariana” en todo lo que queda de siglo. Es lógico. El demoledor informe de la alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, que cita al menos 6.856 muertes sospechosas de opositores políticos entre enero de 2018 y mayo de 2019, la mayoría en ejecuciones extrajudiciales, han hecho de Maduro y Diosdado Cabello, su ‘número dos’, firmes candidatos para sentarse en el banquillo del Tribunal Penal Internacional de La Haya para enfrentarse a cargos por crímenes de lesa humanidad.

Opositores como María Corina Machado y Antonio Ledezma han criticado las negociaciones porque creen que solo fortalecen a Maduro. El secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, ha asegurao que unas elecciones con Maduro en el poder son “inconcebibles”. Sin embargo, después de que EEUU haya insinuado que podría no incriminar a Maduro a cambio de que abandone el poder, parece estar abriendo un resquicio a la esperanza. Hay algunos precedentes. Al expresidente haitiano Jean Bertrand Aristide se le permitió huir del país en 2004 a bordo de un avión militar de EEUU. Años después fue investigado por acusaciones de narcotráfico, pero nunca fue procesado.

 

Sergio Maydeu-Olivares | Consultor y analista internacional. @maydeuO

La sensación de deja vú está presente en este nuevo intento de negociación que, bajo auspicio del gobierno de Noruega, intenta desbloquear la situación en Venezuela, actualmente en punto muerto desde los sucesos de principio de año en que Juan Guaidó se autoproclamara Presidente Encargado y recibiera el reconocimiento de más de 50 gobiernos, entre ellos la mayoría de países latinoamericanos, Estados Unidos y la práctica totalidad de gobiernos europeos. Es importante recordar este reconocimiento internacional porque es la única fuerza con la que cuenta el equipo negociador de Guaidó en la mesa de diálogo abierta en Barbados. Sin control territorial, sin influencia sobre el ejército, y sin ninguna capacidad efectiva de ejercer el poder, Guaidó habría asistido desnudo a Barbados si no fuera por este respaldo de países que, con todas sus diferencias internas, consideran que la única salida al del conflicto en Venezuela es la convocatoria de elecciones presidenciales libres.

Este punto es sobre el que pivotan las negociaciones secretas en Barbados, y también es el punto sobre el que no hay ni habrá consenso entre ambos equipos negociadores. La supervivencia del régimen de Maduro pasa por no aceptar la premisa implícita de esta demanda de adelanto electoral, la ilegitimidad de su gobierno. No esperemos grandes avances en los encuentros de Barbados, más allá de una escenificación -repetida por cierto en años anteriores- de la ruptura de negociaciones entre oposición y el régimen de Maduro.

Solo confiemos que de Barbados ambas partes acepten que hay una emergencia social y humanitaria en Venezuela del tal envergadura que no puede esperar más una reacción por su parte. Ojalá al menos en esto encuentren un punto de unión y consensúen soluciones efectivas. Seguir negando la mayor, como hace el régimen de Maduro, no hará más que enquistar el problema. Los venezolanos y venezolanas no pueden esperar más.

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