A través de la regulación de las armas de fuego, la reforma de la ley de inmigración y el aún inacabado debate presupuestario, Obama está logrando impulsar el bipartidismo y regenerar la política.
Después de la sorpresa que el presidente Obama nos dio, al comenzar el año, con el nuevo estilo de su segundo mandato, ahora la está continuando, al conseguir que funcione el complicado sistema de división de poderes: resquebrajando la monolítica oposición republicana con auténticos golpes de teatro. Las tres “llaves” con las que está logrando el apoyo de un grupo diverso de congresistas republicanos son la regulación de armas de fuego, la reforma de la legislación de inmigración y el prolongado debate sobre el presupuesto.
El presidente, apoyado por su mujer, Michelle, y por el vicepresidente, Joe Biden, se ha paseado por todo el país subrayando el grave problema creado por el abuso de la segunda enmienda de la Constitución, la libertad de poseer armas de fuego, que la tragedia de Newtown, en Connecticut, ha puesto en evidencia. El lobby de la industria de las armas, fuertemente apoyado por su protectora, la Asociación Nacional del Rifle, ha sacado a trabajar a su poderoso arsenal retórico y financiero para derrotar al presidente, como ha estado haciendo con éxito desde hace décadas. Sobre el dramático cuadro que presentan las familias de las víctimas de las tragedias que, casi de manera serial, se han estado sucediendo en los últimos años, y a las que ha hecho venir incluso al Capitolio en Washington, Obama ha elevado el debate a un nivel emotivo que el Partido Republicano no puede ignorar…

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