Como a su homólogo argentino, al nuevo presidente de Chile, Ricardo Lagos, le espera una compleja tarea. El comienzo del post-pinochetismo cierra definitivamente la transción. Lagos será valorado por su respuesta a un doble desafío: gestionar una agenda estratégica para el país y renovar, en un sentido democrático, las instituciones públicas y las formas de hacer política.
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Otoño 2002 - Digital
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