POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 164

La salida indecisa de Europa de la crisis

ANTOINE QUERO-MUSSOT
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La gestión deficiente de la crisis en la zona euro ha tenido un impacto directo muy negativo en la vida de millones de europeos. Dotarse de los medios para actuar con más eficacia en el futuro es un imperativo moral. El objetivo es construir una visión común europea.

A pesar de una acumulación de buenas noticias para la economía europea en los últimos seis meses, la opinión dominante, que reflejaba el último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la economía mundial, es que Europa sigue siendo el enfermo del planeta y la región que arrastra más incertidumbres. Tampoco han calado del todo las buenas noticias en la moral de consumidores y empresarios europeos, que siguen mostrándose prudentes ante una recuperacióncuyo afianzamiento no acaban de ver.

El contexto es, sin duda, el más favorable desde que se inició la crisis: el cuadro de política monetaria y fiscal ha evolucionado en la dirección expansiva reclamada desde hace tiempo, el entorno financiero se va normalizando, los tipos de interés están en mínimos históricos, las tensiones sobre la deuda pública se han suavizado y la caída simultánea del euro y del precio del petróleo ofrece un impulso de competitividad inesperado. En un entorno tan favorable las perspectivas deberían ser netamente positivas. Sin embargo, aunque las últimas proyecciones tienden a revisar al alza las expectativas de crecimiento, no se espera de Europa un despegue firme como el que ya ha protagonizado Estados Unidos.

El escepticismo sobre el curso de la economía europea, y en particular de la zona euro, es sintomático de los interrogantes que la crisis ha suscitado sobre la viabilidad de una unión monetaria sin los instrumentos adecuados para afrontar choques asimétricos; es decir, tensiones divergentes entre los intereses individuales de sus miembros. Aunque tardía y torpe, la determinación mostrada por Alemania…

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