Cuando en 2011 la NASA abandonó su programa de transbordadores espaciales –utilizados, entre otras cosas, para lanzar satélites y el telescopio Hubble, así como en la construcción de la Estación Espacial Internacional (ISS)–, lo hizo por razones esencialmente económicas. Era demasiado caro en relación a los beneficios científicos y de prestigio que suponía su uso.
Desde entonces, la agencia espacial no ha obtenido del Congreso de Estados Unidos la financiación necesaria para emprender misiones de la escala del programa Apolo. Donald Trump se propuso recuperar el tiempo perdido al fijar 2024 como meta para regresar a la Luna. Joe Biden ha confirmado el objetivo, pero no la fecha. Si se alcanza esa meta, será con la ayuda de compañías privadas como SpaceX de Elon Musk, Blue Origin de Jeff Bezos o Virgin Atlantic de Richard Branson, posibles contratistas de la NASA en futuras misiones lunares. Según la consultora Bryce Tech,…

La caída de los precios de la vivienda es posible
¿Y si Musk fuese europeo?
Jair Bolsonaro y el dilema del prisionero
Corea del Norte-Rusia: un matrimonio de conveniencia
En el Euro: Diez grandes cuestiones
La economía china no despeja las dudas
Regresión talibán, olvido occidental
Los mercados reaccionan a Trump
La OPEP acorralada: al fin sobra petróleo
Un esfuerzo condenado al fracaso
La guerra comercial entre Canberra y Pekín
Las ‘fintech’ revolucionan las finanzas
La economía en manos de Trump
Invierno 2009-2010 - Papel
Kiev en el nuevo escenario de la guerra
Estados Unidos tiene la palabra
#ISPE 1164: La madre de todas las reformas
China ante sus criaturas
India, una alternativa fiable
Pekín pisa el acelerador militar
Putin apuesta doble o nada a la guerra
En la diana de piratas informáticos
Un aterrizaje suave para la economía
La última frontera se privatiza