POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 181

Raúl y Fidel Castro en La Habana el 12 de diciembre de 1996. MAMBO PHOTO/GETTY

#PolExt181: ¿Quién gobernará Cuba?

La dinastía Castro deja de estar al frente del gobierno del país. El hecho de que la sucesión haya sido designada no oculta la realidad del fin de una era en Cuba.
EDITORIAL
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De todas las elecciones que se celebrarán en 2018 en América Latina, la de menor expectación por su resultado será la de Cuba el 19 de abril, cuando se renovarán la Asamblea Nacional y el Consejo de Estado. Lo trascendental de ese día, sin embargo, es que la dinastía Castro dejará de estar al frente del gobierno del país. El hecho de que la sucesión haya sido designada y tenga un mandato explícito de Raúl Castro no oculta la realidad del fin de una era en Cuba. Como afirma en estas páginas la periodista Yoani Sánchez, “un régimen dinástico no se hereda ni se delega, solo sobrevive si se mantiene anclado a un árbol genealógico”.

Pese a que todos cuentan con que el nuevo presidente del Consejo de Estado será el actual primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, el aplazamiento de las elecciones –previstas inicialmente para el 24 de febrero– ha generado dudas sobre el grado de consenso en torno a la figura del sucesor. El historiador cubano Rafael Rojas explica con agudeza en este número de Política Exterior la imprevisibilidad del proceso político que se abre en la isla: “por primera vez, la dirección ideológica o estratégica y el mandato ejecutivo del país estarán en manos de personas diferentes”. Esa separación producirá con seguridad tensiones entre el gobierno y el Partido Comunista de Cuba. “Un escenario de sucesión sin reformas como el que parece insinuarse puede ser muy conflictivo desde el punto de vista de la unidad de las élites”, continúa Rojas.

El proceso de cambio en Cuba está fundamentalmente bloqueado por la lentitud de las reformas económicas, que no han creado las condiciones para el cambio político. Retomar el ritmo reformista de la economía y recuperar el pragmatismo en la política internacional de La Habana se presentan como las únicas opciones para que quien gobierne Cuba a partir de abril se gane con su ejercicio la legitimidad que no tendrá con su elección.

A un cambio que se presenta como inevitable pueden contribuir de manera fundamental los vecinos latinoamericanos, la Unión Europea y especialmente España. El potencial de una Cuba joven, con un alto nivel educativo, un sistema sanitario erosionado pero de calidad y con una cultura que se proyecta internacionalmente en literatura, música y cine es inmenso. En 2018 no puede continuar el statu quo ni haber marcha atrás. ●