La caída del régimen de Bashar al Assad en diciembre de 2024 dio paso a un inusitado escenario que afectó no solo a la situación interna del país sino a dinámicas regionales e internacionales. Para el gobierno turco se planteó la oportunidad de colaborar estrechamente con nuevos actores al frente de un ejecutivo interino liderado por Ahmed al Shara, líder de la milicia islamista Hayat Tahrir al Sham (HTS), categorizada en su momento como organización terrorista, tanto por diferentes Estados como por Naciones Unidas. La paulatina legitimación de estos líderes y su progresiva consolidación al frente de Siria facilitó a las élites turcas la consecución de algunos de los objetivos surgidos durante la guerra civil en este país y expandir el área de cooperación con el gobierno sirio en cuestiones muy diversas que cubren desde el ámbito económico, al securitario o la delimitación de zonas marítimas.
Los objetivos de Turquía durante la guerra civil siria
Turquía había normalizado relaciones con Siria ya antes de la llegada al poder del partido de Justicia y Desarrollo (AKP) en 2002, tras el acuerdo de Adana, auspiciado por el gobierno de Bülent Ecevit en el que Siria se comprometió a no servir de base logística al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) –grupo armado categorizado como terrorista por Turquía, la UE y Estados Unidos– y, especialmente a su líder, Abdullah Öcalan.
La llegada al poder en Siria de Bashar al Assad y del AKP en Turquía, liderado por Recep Tayyip Erdoğan, dio paso a una nueva etapa en la que se resolvieron históricas disputas territoriales, se firmó un acuerdo de libre comercio en 2004 y otro para la liberalización bilateral de visados en 2009 y se estableció un Consejo Estratégico de Alto Nivel ese mismo año.
Los vínculos personales entre el primer…



