La silenciosa crisis de Haití, al descubierto

 |  19 de enero de 2010

www.politicaexterior.com abre una ventana a la información sobre América Latina gracias a la colaboración de Inter-American Dialogue. Fundado en 1982 y con sede en Washington, the Inter-American Dialogue es el principal centro estadounidense dedicado al análisis político, el intercambio intelectual y la comunicación de asuntos del hemisferio americano.

Nuestros lectores tendrán acceso a partir de hoy a una selección de los materiales del Inter-American Dialogue (informes, análisis, entrevistas…) y podrán participar a través de los comentarios en nuestra web. La mayoría de los contenidos estará en español, pero también se incluirán materiales audiovisuales en inglés. Esta «tribuna digital» ofrecerá a los cibernautas hispanohablantes la oportunidad de conocer cuáles son las prioridades, los puntos de vista y los debates generados en Estados Unidos en relación con Latinoamérica.

El objetivo de «Diálogo Interamericano en Política Exterior» es sentar las bases para un diálogo global sobre América Latina que incluya a los propios países latinoamericanos, Canadá, Estados Unidos y España.

Inter-American Dialogue reúne a personalidades del sector público y privado procedentes de todo el continente americano. Líderes políticos como Ricardo Lagos, Fernando Henrique Cardoso, Ernesto Zedillo o Enrique Iglesias, intelectuales como Richard Haass o Brent Scowcroft, entre otros, integran The Inter-American Dialogue, una organización no gubernamental e independiente presidida en los últimos 16 años por Peter Hakim. A partir de abril, The Dialogue iniciará una nueva etapa bajo  la presidencia de Michael Shifter, hasta ahora vicepresidente y director del programa andino.

Inauguramos «Diálogo Interamericano en Política Exterior» con un análisis sobre Haití elaborado por Daniel P. Erikson, asociado senior y director del programa del Caribe en The Inter-American Dialogue.

La silenciosa crisis de Haití, al descubierto

Por Daniel P. Erikson

El brutal terremoto que ha golpeado a Haití ha desenmascarado la silenciosa crisis, la desesperación y pobreza que padece la mayoría de la población del país. De hecho, Haití es uno de los más complejos y enraizados retos a los que hace frente Estados Unidos en el hemisferio occidental: un Estado fallido en el umbral de la nación más poderosa del planeta.

En casi todas las magnitudes, Haití se sitúa entre los lugares del mundo más difíciles para vivir. Sus indicadores sociales compiten con los de países de África Subsahariana devastados por la guerra. Más de 20 años después de que las primeras elecciones democráticas despertaran en 1990 las esperanzas de cambio, Haití sigue acosado por conflictos políticos sin resolver, una extendida inseguridad  y unas instituciones deterioradas.

El impacto del reciente terremoto se ha multiplicado por otros problemas enraizados en el país, como la pérdida de terreno cultivable a causa de una rápida deforestación, el crecimiento de la población y una creciente crisis alimentaria.

Debido a la falta de acceso a energías modernas, como electricidad o gas natural, cerca de tres cuartas partes de los haitianos dependen del carbón como fuente primaria de  energía para cocinar. Como resultado, los bosques del país han desaparecido a un ritmo de entre 15-20 millones de árboles anualmente desde la década de los noventa, y la superficie forestal de Haití se redujo de cerca de un 75% durante la época colonial hasta menos de un 1% en la actualidad. Algunos expertos medioambientales describen el país como un «desierto caribeño», con áreas ya imposibles de recuperar.

El daño va más allá de la pérdida de árboles y la flora y la fauna asociadas: la deforestación ha provocado la erosión de la rica capa superior del suelo necesaria para la agricultura. Las Naciones Unidas estiman que Haití pierde cerca de 36 millones de toneladas de humus cada año debido a las lluvias e inundaciones que arrastran los ricos nutrientes y el barro hacia el Caribe, y estos residuos han perjudicado a la pesca. De este modo, la producción nacional de alimentos está en declive.

Al mismo tiempo, la población de Haití está creciendo rápidamente. Desde la caída del régimen de Duvalier, en 1986, hasta hoy ha aumentado en tres millones de personas, y se espera que crezca otros tres millones en los próximos 25 años. Así, la población de Haití sobrepasará en 2030 a la de Cuba y República Dominicana, convirtiéndose en el país más poblado del Caribe.

La conjunción de una población en aumento y unos recursos cada vez más escasos ya ha provocado una crisis alimentaria de proporciones significativas. En el verano de 2003, la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) denominó a Haití una «crisis silenciosa»: 3,8 millones de personas no tienen garantizadas las necesidades alimentarias mínimas, con algunas áreas rurales particularmente afectadas. Un 4,5% de la población sufre malnutrición aguda, y este índice podría aumentar.

En resumen, la creciente población de Haití está en colisión con una producción alimentaria en declive y la rápida deforestación. En algún momento, estas tres líneas tendrán que cruzarse.

Estados Unidos no puede solucionar todos los problemas de Haití, pero se necesita una implicación inteligente, continuada y sostenida centrada en una estrategia de construcción del Estado capaz de poner en marcha una estructura de gobierno, un sistema legal y judicial que funcione y alguna forma de democracia. Desafortunadamente, este proyecto parece estar fuera de las capacidades técnicas y políticas de EE UU, y la frágil estructura institucional de Haití no ha sido capaz de mantener los avances logrados durante los años de mayor implicación por parte de Washington.

El enfoque hacia Haití de las administraciones de Bill Clinton y George W. Bush vaciló entre el compromiso decidido –con resultados decepcionantes– y una retirada parcial que multiplicó los males del país –hasta que la necesidad de nueva implicación se hizo evidente–.

Pero si EE UU ha tenido durante largo tiempo un dilema sobre dónde situar Haití en su política global hacia América Latina y el Caribe, no hay duda de que el país ha surgido ahora como una línea de fuego en la agenda internacional de Barack Obama.

Este terremoto, terrible por su escala e impacto, demuestra que las enormes y desconocidas necesidades de Haití plantearán a la administración Obama un reto más allá de los esfuerzos de recuperación y asistencia inmediatos.

Leer este texto en inglés

© The Inter-American Dialogue, 2010.

1 comentario en “La silenciosa crisis de Haití, al descubierto

  1. el terremoto acabo con muchas personas en haiti pero los hestado unidos le brindaron apollo y aora se esta recontruyendo el pais grasias a esa alluda

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