Egipto, tres años después

 |  11 de febrero de 2015

Hoy hace tres años desde que Hosni Mubarak renunciara a su cargo de presidente de Egipto tras tres décadas a la cabeza del país. Las multitudinarias protestas que provocaron su caída y se sumaron a los levantamientos de la primavera árabe han dado paso a un escenario político totalmente diferente, el de una sociedad civil asfixiada desde el gobierno, desmovilizada o directamente despolitizada. Tras el éxito de la revolución y la celebración de elecciones democráticas en 2012, Mohamed Morsi asumió la presidencia, a la cabeza del partido de los Hermanos Musulmanes, Partido Libertad y Justicia. El golpe de Estado encabezado por el general Abdel Fatah al Sisi un año después puso fin al breve período democrático, trayéndonos al momento actual, el de un Egipto no muy diferente de lo que fue antes de su primavera.

El fracaso de la revolución en Egipto puede explicarse en gran parte por el enfrentamiento entre las dos fuerzas principales de la sociedad, el «Estado profundo», formado por las élites tradicionales, las fuerzas armadas y el aparato burocrático, y la «sociedad profunda», representada por los Hermanos Musulmanes. “Cuando han gobernado, ambos actores han tendido a excluir al oponente, con una lógica de que el ganador se lo lleva todo”, afirma Pol Morillas. Primero, durante el mandato de Morsi y ahora, con el de Al Sisi.

Los Hermanos Musulmanes hicieron una gestión controvertida durante los 12 meses que estuvieron en el poder. Aunque habían negociado durante la revolución con los grupos de jóvenes y laicos de la sociedad civil y también con los militares, una vez que tuvieron el control subestimaron a estas fuerzas. La islamización de la sociedad y la falta de reforma de las instituciones generó el rechazo del primer grupo y no calcularon los intereses del segundo. El mandato de Morsi se caracterizó por perpetuar el régimen de Mubarak promulgando leyes que le libraran del control jurídico y por excluir al resto de actores del juego político.

El golpe de julio de 2013 trajo de vuelta al gobierno al “Estado profundo”, que aumentó aún más la represión e inició una caza y captura de los Hermanos Musulmanes. Durante 2013 el régimen ilegalizó a la cofradía, encarceló a 23.000 opositores y decretó más de 1.000 condenas de muerte. Ha destituido a predicadores y supervisado homilías. Pero no es el islamismo ni el radicalismo religioso lo que persigue, sino solo a los Hermanos Musulmanes, pues tolera la existencia de mezquitas salafistas controladas por quienes le apoyaron en el golpe de Estado. Además, Al Sisi ha hecho un gran esfuerzo de desmovilización social, controlando las calles y rechazando todo tipo de manifestacines, incluso las pacíficas. Su objetivo es despolitizar a la sociedad, lo cual ya está sucediendo, al menos parcialmente. Los egipcios tras la convulsión de los últimos años tienen la sensación de que la política no ha mejorado sus vidas, sino que las ha empeorado, perciben los cambios como causa de inestabilidad y prefieren la seguridad personal y económica a lanzarse a la búsqueda de libertades.

 

El futuro de Egipto

La sociedad egipcia es más frágil que hace cuatro años, está más dividida y enfrentada y también tiene menos voluntad, desconfía de la política y de las grandes revoluciones. Los Hermanos Musulmanes están aún más reprimidos que en la época Mubarak, la oposición está debilitada. Estos factores indican que lo más probable es que al menos en el corto plazo la situación que existe se mantenga. Sin embargo, según Ricard González, tanto el ejército como la cofradía son optimistas respecto a su futuro. El primero piensa que haciendo las mejoras económicas adecuadas obtendrá el apoyo social a cambio de estabilidad y un buen nivel de vida. La segunda considera que las medidas económicas fracasaran y que además los jóvenes no aceptarán al gobierno. Hay que tener en cuenta que Egipto es un país con una importante población joven que está muy distanciada del régimen, y que en el largo plazo, el relevo generacional podría suponer una amenaza. Al final, lo único claro es que de momento no parece que vaya a darse el consenso, tan necesario para el progreso y estabilidad real y permanente.

En este video se puede ver una conferencia de Casa Árabe donde los politólogos Nadine Abdallá y Ricard González hablan sobre los retos y el futuro de Egipto.

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