Un soldado observa el vuelo de helicópteros de ataque AH-1W Super Cobra durante unas maniobras militares nocturnas en Tainan, Taiwán, el 12 de agosto de 2026. (Cheng Chia Huang/Getty Images).

La apuesta de Taiwán por los drones supera sus capacidades

Los planes de Taiwán para adquirir drones siguen siendo modestos en comparación con la producción ucraniana. La dependencia de componentes extranjeros, el elevado coste de los sistemas estadounidenses y los problemas en la contratación pública complican su apuesta por la defensa asimétrica.
Aswin Lin
 |  28 de octubre de 2026

En 2017, Taiwán decidió avanzar hacia un modelo de defensa asimétrica –en el que una potencia menor recurre a sistemas no convencionales, a menudo más baratos, para defenderse de un adversario más poderoso– y lo convirtió en una prioridad del Ministerio de Defensa Nacional.

Aunque aproximadamente la mitad del gasto taiwanés en adquisiciones militares sigue destinándose a plataformas convencionales, la invasión rusa de Ucrania ha acelerado la apuesta por los drones. Son sistemas baratos y prescindibles que prometen compensar la superioridad numérica de un adversario más poderoso, apoyándose en una industria nacional con buenas perspectivas de crecimiento.

Pese a las dificultades que han afectado a los preparativos chinos para una invasión, los avances de Taipéi en materia de defensa han sido desiguales. Taiwán prevé adquirir unos 100.000 drones, incluidos 48.750 aparatos de uso militar fabricados en el país, de aquí a 2028. En comparación, Ucrania produce millones de drones al año –entre cinco y seis millones en 2026, según las estimaciones– y prevé aumentar considerablemente su producción.

China, por su parte, sigue dominando el mercado mundial de drones. Durante el primer semestre de 2024, hasta el 89% de los componentes utilizados en los sistemas aéreos no tripulados fabricados en Ucrania procedían de China.

La cooperación de Taiwán con sus socios tradicionales en materia de seguridad ha distado de ser satisfactoria. Según las informaciones disponibles, en septiembre de 2026 llegaron a Taiwán drones de una empresa estadounidense sin sus correspondientes cargadores de batería, tras la introducción de la política de cadenas de suministro libres de componentes chinos (non-red supply chains). Establecer una cadena de suministro de estas características es posible, pero exigiría un proyecto industrial de una década y la cooperación con países afines.

Taiwán mantiene una estrecha relación de defensa con Estados Unidos, pero esta no resuelve fácilmente el problema de los costes. El precio de los drones ALTIUS que Washington suministra a Taipéi es muy superior al de modelos ucranianos o chinos comparables. El coste es un factor decisivo: una sola operación puede requerir el despliegue de más de mil drones en una semana.

Cada vez son más las advertencias de que los drones, por sí solos, no bastan. Sin una integración sólida de los sistemas –que incluya interoperabilidad, identificación de objetivos y las correspondientes funciones de mando y control–, difícilmente podrán operar con eficacia en el campo de batalla. Los drones taiwaneses todavía carecen del apoyo operativo del que dispone Ucrania. Además, el propio sector taiwanés de drones ha sido objeto de ciberataques.

La política de adquisiciones de Taiwán tiende a priorizar la compra de equipos frente al desarrollo de las capacidades necesarias para utilizarlos eficazmente. La doctrina, la integración de los sistemas de mando y control y la formación necesarias para emplear grandes cantidades de drones son menos visibles y políticamente atractivas que la compra de los propios aparatos.

Más allá de los aspectos operativos, el sistema democrático de Taiwán plantea otra dificultad. En junio de 2026, el grupo parlamentario del partido gobernante defendió la propuesta del Ministerio de Defensa Nacional de aprobar un presupuesto extraordinario para acelerar la adquisición de drones, mientras que los partidos de la oposición preferían incluirlo en el presupuesto ordinario. Finalmente, el 27 de agosto de 2026, todos los partidos acordaron un presupuesto extraordinario de defensa de 7.600 millones de dólares para un periodo de seis años.

El creciente escrutinio parlamentario y mediático de los criterios de licitación y evaluación del ministerio demuestra que los mecanismos de supervisión funcionan. Sin embargo, los problemas detectados son preocupantes. Según las informaciones disponibles, los sistemas antidrones suministrados por la empresa taiwanesa Tron Future no superaron ni la inspección inicial ni las pruebas posteriores. El ministro de Defensa, Wellington Koo, reconoció que el sistema había suspendido tres pruebas de aceptación, pese a que el proyecto había costado 30,7 millones de dólares.

La controversia se ha agravado por las acusaciones de que Wang Mei-Hua, esposa de Koo y exministra de Economía de Taiwán, había recomendado al proveedor. Koo ha negado esta acusación y ha declarado que el Gobierno impondría las penalizaciones contractuales correspondientes y rescindiría el contrato. Los diputados de la oposición también han cuestionado cómo una empresa considerada anteriormente inadecuada para satisfacer las necesidades operativas pudo conseguir un contrato importante del ministerio. Estas dudas resultan especialmente llamativas teniendo en cuenta el considerable número de posibles proveedores nacionales con los que cuenta Taiwán.

Taiwán ha apostado por los drones, pero esa apuesta no equivale a disponer de las capacidades necesarias. Debe resolver los problemas de las cadenas de suministro y contar con un presupuesto de defensa que preste tanta atención a la arquitectura de la guerra con sistemas no tripulados como a la compra de drones. Hasta ahora, no ha invertido lo suficiente en ninguno de los dos ámbitos.

El problema de Taipéi va más allá del número de drones. Radica en la ausencia de un ecosistema industrial y una arquitectura operativa adecuados. Seguir el ejemplo de Ucrania sin adaptarlo a las circunstancias taiwanesas no permitirá desarrollar una estrategia eficaz para afrontar una guerra de desgaste contra el país con mayor capacidad manufacturera del mundo. Si Taiwán toma a Ucrania como referencia, debe comprender que, aunque una campaña con drones puede contribuir a evitar la derrota, no pondrá fin a la guerra.

Todas las partes implicadas deberían acordar un conjunto de criterios de referencia comunes. Para responder a la principal preocupación de la oposición respecto al presupuesto extraordinario y las adquisiciones, el Gobierno podría recurrir a pagos vinculados al cumplimiento de objetivos, pruebas de aceptación independientes e informes periódicos y confidenciales al Parlamento. También debe ser más transparente sobre los riesgos y las implicaciones de una cadena de suministro que excluya los componentes chinos. Taiwán podría empezar por adquirir a gran escala sistemas de eficacia demostrada y avanzar después hacia plataformas más sofisticadas, a medida que maduren sus capacidades de producción nacionales.

Artículo publicado originalmente por East Asia Forum, el 22 de octubre de 2026.

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