POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 186

Trump y Xi, durante la cumbre de la APEC de noviembre de 2017. THE WHITE HOUSE

Ojo por ojo

EUGENIO BREGOLAT
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En su afán por dinamitar la economía china y detener su ascenso como potencia mundial, Donald Trump puede ocasionar un grave daño a la economía global, empezando por la de sus aliados y la del propio Estados Unidos.

China respondió con reciprocidad a la entrada en vigor, el 6 de julio, de la primera tanda de aranceles en la guerra comercial que Donald Trump ha declarado al gigante asiático. Se trataba de un 25% sobre 36.000 millones de dólares de mercancías chinas en bienes de alta tecnología. Estados Unidos aplicó aranceles a otros 16.000 millones de dólares de bienes chinos. Y China replicó de inmediato con una medida similar. A partir del 24 de septiembre pesa sobre otros 200.000 millones de dólares de la exportación china un arancel del 10%,que se elevará al 25% a partir del próximo 1 de enero. Queda así penalizada la mitad de la exportación china a EEUU. Y Trump ha amenazado con extender sus aranceles a la otra mitad. China ya no puede aplicar reciprocidad en cuanto al volumen de importaciones estadounidenses sometidas a gravamen, porque en 2017 sus importaciones de EEUU ascendieron solo a 129.800 millones de dólares, según el departamento de Comercio estadounidense (155.200 millones, según el Centro Nacional de Estadística de China).

Las exportaciones chinas a EEUU en 2017 ascendieron a 505.470 millones o a 434.300 millones, según los datos respectivos de esas agencias. Si Pekín quisiera aplicar reciprocidad, tendría que imponer un arancel mayor a las importaciones ­norteamericanas, gravar los servicios o acudir a otras medidas.

Trump y Xi Jinping tienen difícil apearse de la enérgica actitud adoptada, porque las opiniones públicas de cada país podrían interpretarlo como una humillación nacional. Y cada parte parece convencida de poder obligar a la otra a ceder. Si la guerra comercial sigue adelante, el…

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