Para empezar, debo explicar lo que es Tetrapack. Soy el presidente de esta sociedad familiar y no cotizamos en Bolsa. Estamos completamente especializados en sistemas de envasado de productos alimentarios líquidos: leche, vino, aceite y otros artículos semejantes. Estamos presentes en 102 países y nuestras ventas ascienden a cerca de 2.000 millones de libras esterlinas. En la actualidad, estamos construyendo dos fábricas –en régimen de joint venture –en la Unión Soviética y se están negociando otras cuatro que, creo, se llevarán adelante. En Hungría también hemos construido fábricas en régimen de joint venture, Estamos negociando con Polonia y con Yugoslavia.
El valor bruto –inversión, maquinaria, terrenos, inmuebles, etcétera– es hasta el momento de alrededor de 200 millones de dólares y esta cifra aumentará considerablemente. Yo diría que en la Unión Soviética se duplicará con creces.
Y, ¿por qué?, ¿por qué vamos a estas economías que algunos calificarán de extrañas y desconocidas? ¿Por qué realizamos estas inversiones que hay que considerar de alto riesgo? La respuesta es muy sencilla: porque esos países están ahí.
Japón es en la actualidad el mayor mercado individual de Tetrapack. Vendemos más envases en Japón que en ningún otro lugar del mundo. Y somos los primeros del mercado japonés. Sin embargo, cuando recibimos la autorización gubernamental de construir en Japón la primera fábrica, propiedad nuestra al cien por cien (sólo había siete compañías antes que nosotros cuando recibimos la autorización final), la sociedad tuvo que organizarse como las llamadas “sociedades-yen”. Eso quería decir que nunca se autorizaría la transferencia de dividendos. Era impensable que el yen, en aquellos momentos tan débil, tan frágil, pudiera alguna vez tener la fuerza suficiente para pagar dividendos de lujo. En estas condiciones entramos en Japón y nos convertimos en líderes del mercado. La posterior historia del yen es de…

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