POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 217

Los dos tiranos

El director Ridley Scott propone en su comentado largometraje una fórmula dual de aproximación al personaje histórico: el Napoleón público junto a Josefina, la musa del Napoleón privado.
Javier García Toni
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En la esperadísima nueva película de Ridley Scott, Napoleón (2023), el veterano director británico nos propone una fórmula dual de aproximación al personaje. El Napoleón que conocemos, capitán de batallas y éxitos militares, y el Napoleón que conocemos menos, el hombre frágil y enamorado de una Josefina que actúa casi como musa, referente y motor de acción. Llegamos a pensar, a lo largo de las más de dos horas y media que dura, que el emperador autoproclamado libra batallas cruentas solo para poder contárselas a su amada; y que la gloria de Francia es simplemente una parte de los términos y condiciones de un trabajo, el de emperador, al que prácticamente se ve abocado.

 

Napoleón
Ridley Scott, Estados Unidos, 2023
158 minutos

 

Los dos Napoleones se encuentran en Egipto, en esa escena cara a cara con la momia de un antiguo faraón. Napoleón es un francés pequeño, el primero de los tiranos modernos, que necesita un escalón para poder mirar a los ojos a una momia que se aparta cuando él quiere acariciar su mejilla para dar continuidad física y temporal a las fórmulas de la gloria.

Como tenemos la suerte de no ser franceses, ni ingleses, ni historiadores, ni demasiado exigentes con la ficción cuando sabemos que es ficción y no documental; podemos hablar del film sin hacer demasiados aspavientos por las inexactitudes históricas, por lo que falta –es imposible contar a un personaje así en dos horas– o por la ausencia clamorosa de España, que entendemos cuando su hermano deja simplemente de aparecer en escena después de ser un personaje casi principal durante la primera parte. De repente ya no está en la película, y no es que a Napoleón le importe demasiado, así que a nosotros tampoco.

Esa fórmula dual que propone el director se explica también en la escena de Waterloo, cuando el duque de Wellington observa con su catalejo cómo el emperador participa en la batalla y dice “no lo puede evitar”. Tampoco puede evitar Ridley Scott las largas secuencias bélicas, a cámara lenta y banda sonora exquisitamente elegida; donde se prima el espectáculo por encima de algunas cosas que podrían haber sido más interesantes, como el legado reformista o profundizar en el retrato social de una época que, todavía hoy, genera tantísima fascinación. Es verdad que también, y gracias a eso, Scott nos brinda la espectacular escena de Moscú, la ciudad fantasma y el incendio que la arrasa, que explica de manera incontestable qué fue aquello de la tierra quemada y qué pasa, a lo largo de la historia, cuando se intenta invadir Rusia.

Es Waterloo, también, donde nos encontramos con la verdad cruda, de nuevo en palabras del duque de Wellington, que amenaza a un subordinado con pena de muerte si se le ocurre disparar al emperador francés, al que tiene en el punto de mira: “¿Desde cuándo los emperadores se tirotean?”. La guerra, los asuntos internacionales y el concierto de potencias es una cosa de familia. Las bajas y los millones de seres humanos sacrificados son asuntos accesorios. Era ese principio del siglo XIX, que luego dio paso a un larguísimo periodo de paz continental, pero es difícil no pensar en tiranos contemporáneos invadiendo Ucrania.

 

«La guerra, los asuntos internacionales y el concierto de potencias es una cosa de familia. Las bajas y los millones de seres humanos sacrificados son asuntos accesorios»

 

“Es conocimiento general”, le dicen dos niñas jugando al emperador en sus últimos días en Santa Elena, que los rusos quemaron Moscú para vencer a los franceses. Se podría imaginar esa escena dirigida por un hipotético Ridley Scott, que a sus 106 años siguiera haciendo cine, que enfrentara a un anciano Vladímir Putin exiliado al conocimiento general sobre cómo los ucranianos vencieron a los rusos. Porque en la tiranía no se suele acabar bien y la fortuna, tarde o temprano, cambia de bando. •