Con el Mundial recién terminado y un nuevo campeón coronado, parece un buen momento para hacer balance de los momentos apasionantes que dejaron las 48 selecciones del torneo, y también para reflexionar sobre los países que no lograron clasificarse. Una ausencia notable fue la de Italia. Otra, la de China. Pero, a diferencia de Italia, cuatro veces campeona del mundo, la República Popular China (RPC) solo ha disputado una decepcionante participación en el torneo.
Cuando el equipo de la RPC se clasificó a finales de 2001 para el Mundial de 2002, el logro desató una celebración eufórica en todo el país, incluida la única concentración popular espontánea permitida por las autoridades en el centro de Pekín desde las protestas de la plaza de Tiananmen en 1989. Sin embargo, la euforia se tornó en angustia después de que la selección china no lograra superar la fase de grupos tras jugar tres partidos sin sumar un solo punto ni marcar un solo gol.
¿Qué explica la falta de éxito de la RPC en el fútbol internacional? Aunque el líder supremo Xi Jinping ha convertido el éxito futbolístico en el escenario mundial en una prioridad, formulando un ambicioso plan maestro para transformar a China en una “superpotencia futbolística de talla mundial” y movilizando recursos ingentes, los resultados han sido decepcionantes. Aunque probablemente ningún factor por sí solo explique el pésimo historial de China en el fútbol global, el resultado obtenido hasta ahora sugiere que puede haber límites a lo que la planificación centralizada y los recursos ilimitados son capaces de producir dentro de un sistema leninista.
Tamaño y escala no equivalen a éxito
Por supuesto, ser un país grande no garantiza el éxito global. El país más poblado del mundo es India, pero el éxito en el fútbol le ha sido esquivo durante mucho tiempo. Aunque el fútbol es extremadamente popular en India, no atrae a los niños a practicarlo del modo en que sí lo hacen el críquet y el hockey sobre hierba. Y aunque el fútbol es un deporte de expectación tremendamente popular en China, es más probable que los niños crezcan jugando al tenis de mesa o al baloncesto.
Sin embargo, a diferencia de India, China ha priorizado el desarrollo del fútbol mediante el establecimiento de una red nacional de academias de fútbol para identificar y formar a jóvenes talentos. Pekín también ha dedicado un esfuerzo considerable a desarrollar una liga profesional nacional, la China Super League (CSL). Los equipos cuentan con la financiación de patrocinadores corporativos con grandes recursos, que gastan sumas millonarias para atraer talento extranjero. A mediados de la década de 2010, el gasto de los clubes de la CSL en traspasos internacionales rivalizaba con el de las principales ligas europeas.
El objetivo de traer a jugadores de renombre de otros países era doble: llenar los estadios y elevar el nivel del juego practicado en China. Aunque puede que se haya logrado lo primero, no se logró lo segundo. Además, las apuestas ilícitas corrompieron la liga, ya que jugadores, entrenadores y árbitros aceptaban sobornos para amañar partidos. Con una corrupción tan extendida en China, no debería sorprender que el fútbol profesional también sucumbiera al latrocinio.
La decepción que genera el fútbol masculino de la RPC se alimenta de los propios fracasos del equipo, se magnifica por el historial de éxitos de la selección femenina de la RPC, y se ve agravada por los notables registros de las selecciones masculinas rivales de Japón y Corea del Sur en competiciones asiáticas y mundiales.
Ambos vecinos del nordeste asiático de China se clasifican habitualmente para los Mundiales –incluido el de 2026–, y Corea del Sur logró un cuarto puesto en 2002. Pero la mayor humillación de China en el terreno de juego en los últimos años se la infligió Japón. En septiembre de 2024, la selección china fue derrotada de forma contundente por Japón por 7-0, lo que generó una enorme angustia entre los aficionados chinos al fútbol. Fue la derrota más abultada de China en partidos de clasificación mundialista y su segunda peor goleada en un partido internacional.
Sin bala de plata
Resulta desconcertante que un país con una infraestructura deportiva masiva que produce campeones olímpicos de forma habitual parezca incapaz de formar un equipo masculino de fútbol de talla mundial. Una posible explicación puede inferirse de la investigación del politólogo James Q. Wilson, quien descubrió que las organizaciones pueden llegar a ser muy buenas en una sola cosa con bastante rapidez si concentran su esfuerzo y dedican recursos ingentes a ella. Aplicando esta idea a los sistemas políticos leninistas y al deporte competitivo, ciertos deportes, como algunas pruebas olímpicas individuales, están muy especializados y el éxito puede lograrse con un esfuerzo organizativo hercúleo. Pero los deportes de equipo, como el fútbol, tienen menos que ver con hacer una sola cosa muy bien y más con hacer muchas cosas muy bien.
No parece existir una bala de plata capaz de elevar el rendimiento de China en el fútbol internacional. No hay ningún shashoujian (杀手锏), un término chino que suele traducirse como “maza del asesino”. Algunos analistas de seguridad estadounidenses han utilizado ese término para referirse, de forma ominosa, a uno o varios programas armamentísticos ultrasecretos de la RPC. Pero, como señala el sinólogo Alastair Iain Johnston, este término se emplea sobre todo en los círculos futbolísticos chinos para describir a un jugador dotado, capaz de cambiar por sí solo el curso de un partido.
Podría llevar mucho tiempo
El propio Xi Jinping pareció reconocer este reto varios años antes de convertirse en el máximo líder de China. Hablando en 2009, durante una visita a Alemania, Xi dijo: “El nivel del fútbol chino es relativamente bajo, pero existe una enorme afición al fútbol y un mercado futbolístico potencial en China […]. China está decidida a llevar su fútbol a lo más alto. Pero esto podría llevar mucho tiempo”.
En efecto, todavía queda tiempo para hacer realidad el ambicioso plan maestro futbolístico de Xi, cuya fecha oficial se ha fijado en 2050. Mientras tanto, es probable que la presencia más visible de China en los futuros Mundiales siga limitándose a la publicidad y el patrocinio corporativo, como ocurrió en la extravagancia recién concluida de 2026.



