La normalización fronteriza tendría grandes beneficios económicos, impulsando el sector turístico en Marruecos y evitando la dependencia de los hidrocarburos en Argelia.
No pasa un día sin que la prensa, tanto en Marruecos como en Argelia, mencione el asunto de las fronteras argelino-marroquíes, cerradas desde hace casi 20 años. No exageramos al afirmar que su apertura, reclamada más de una vez por el rey Mohamed VI en persona, se ha convertido en una importante preocupación de las autoridades marroquíes, que provocan presiones internacionales directas e indirectas sobre las autoridades argelinas con la esperanza de que acepten el principio de una normalización fronteriza total (que no ha podido lograrse desde la independencia de Argelia en 1962) y, de paso, privarlas de una de sus mayores bazas en el conflicto que enfrenta a los dos Estados por el futuro del Sáhara Occidental.
Recordemos que estas fronteras fueron cerradas por Argelia en 1994 en respuesta a la obligación que se impuso a los argelinos que deseaban ir a Marruecos de obtener un visado consular, una decisión tomada a raíz de las acusaciones realizadas contra los servicios secretos argelinos de estar implicados en el atentado terrorista del 24 de agosto de 1994 en Marrakech. En aplicación del “principio de reciprocidad”, Argelia exigió a los marroquíes que quisiesen entrar en territorio argelino que también obtuviesen previamente un visado en uno de sus consulados.

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