La enorme cesión de poder a la UE desde 2010 ha puesto de nuevo sobre la mesa las propuestas de unión política. ¿Cómo evitar que el cierre del margen político en torno a la austeridad y las reformas configure en realidad a una unión ‘apolítica’ sin legitimidad democrática?
Pocos de los que vivieron la fallida experiencia constitucional europea de la década pasada podrían imaginarse que la unión política volvería a estar encima de la mesa. El malogrado Tratado Constitucional, se dijo entonces, marcaba el techo de las aspiraciones de la integración europea, debiéndose conformar los más europeístas con un Tratado (el de Lisboa) que estaba destinado a durar toda una generación. Pero menos de una década después de que la integración europea encallara en los referendos sobre el Tratado Constitucional celebrados en Francia y en Holanda en la primavera de 2005, asistimos a un resurgir de propuestas sobre integración política…

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