En Asia se gesta un nuevo orden mundial multipolar. La crisis financiera norteamericana ha dejado claro que aunque Estados Unidos seguirá siendo la superpotencia durante dos décadas, ya no puede resolver sólo los grandes retos globales. China e India serán protagonistas.
Barack Obama recibió de la administración de George W. Bush una compleja y negativa herencia: un país sumido en una crisis económica y una política exterior debilitada y envenenada por un conflicto en Irak y Afganistán, cuyo coste económico constituye una pesada carga para las ya maltrechas finanzas estadounidenses. Las prioridades de Obama se dirigen a corregir los desequilibrios financieros, recuperar la economía y reformar el sistema sanitario. A la vez, el mandatario impulsará cambios geoestratégicos en su política exterior apostando firmemente por el diálogo, la negociación y el pragmatismo, en un escenario internacional dinámico y abierto en el que muchos de los nuevos actores son y serán asiáticos. Ambos frentes, interior y exterior, están estrechamente ligados.
El centro de gravedad de la política y la economía mundial se ha trasladado desde el Atlántico hacia Asia-Pacífico. Los principales focos de inestabilidad internacional se extienden desde Oriente Próximo, pasando por Asia Central y el golfo Pérsico, hasta la península coreana. También en Asia-Pacífico, además de países desarrollados como Japón, Corea del Sur, Taiwan, Australia y Nueva Zelanda, surgen varias economías emergentes, como China e India, convertidas hoy en las grandes locomotoras de la economía global. Mientras tanto, Estados Unidos y la Unión Europea a duras penas han salido de la recesión económica. La crisis que explotó en 2008 ha acelerado el traslado de poderes e influencias de Occidente a Oriente y ello se reflejó en las dos cumbres del G-20 de Londres y Pittsburgh en abril y septiembre de 2009. En el G-20 se sientan China, Japón, India, Corea del…

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